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MILENIO. San Atilano y Tarazona (1009-2009) Espacio Cultural «San Atilano» de Tarazona 3 de julio al 12 de octubre de 2009 Martes a viernes de 17 a 20:30 h. Sábados, domingos y festivos de 11 a 14 h. y de 17 a 20:30 h. Contacto: Fundación Tarazona Monumental Plaza de España, 8. 50500 – Tarazona (Zaragoza) Teléfono y Fax 976 642 643 www.tarazonamonumental.es fundacion@tarazonamonumental.es FUNDACIÓN TARAZONA MONUMENTAL Presidente D. Fernando Gil Martínez Vicepresidente D. Luis María Beamonte Mesa Alcalde-Presidente de Tarazona Patronos D. Alberto Larraz Vileta Consejero de Economía, Hacienda y Empleo del Gobierno de Aragón D. Javier Lambán Montañés Presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza D. Antonio Aznar Grasa Presidente de la Caja de Ahorros de la Inmaculada D. Demetrio Fernández González Obispo de la Diócesis de Tarazona D. José María Gutiérrez Bravo Deán del Cabildo Catedralicio de Tarazona D. Alfonso Peña Ochoa Subdirector de la Corporación Empresarial Pública de Aragón D. Pedro Feliciano Tabuenca López Diputado Provincial del Monasterio de Veruela y del Comité de Seguridad y Salud D. Juan Antonio García Toledo Subdirector General de la Caja de Ahorros de la Inmaculada D. Juan Manuel Melendo Alcalá Vicario General de la Diócesis de Tarazona D. José Badía Santaeulalia Vicepresidente del Cabildo Catedralicio de Tarazona Dª Julia Pascual Zaldívar 1ª Teniente de Alcalde de Tarazona 2 Exposición Organiza Fundación Tarazona Monumental Comisariado Rebeca Carretero Calvo Jesús Criado Mainar Restauraciones 360º Raúl Blanco & David Ulibarri C.B. Esther Cruz Arias Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Aragón de Huesca Isabel Páramo Abellán y Patricia Álvarez Zamora Sergio Robles Salgado Montaje y diseño expositivo ASF Imagen Transporte Manterola Seguros Reale Seguros Generales S.A. (Comín E. F. Correduría de Seguros) Catálogo Edita Fundación Tarazona Monumental Coordinación Rebeca Carretero Calvo Jesús Criado Mainar Textos de presentación Fernando Gil Martínez Luis María Beamonte Mesa Demetrio Fernández González Estudios Mª Teresa Ainaga Andrés Rebeca Carretero Calvo Jesús Criado Mainar José Ignacio Gómez Zorraquino José Ángel Rivera de las Heras Fichas del catálogo Mª Teresa Ainaga Andrés Aurelio A. Barrón García Gonzalo M. Borrás Gualis Rebeca Carretero Calvo Jesús Criado Mainar Juan Francisco Esteban Lorente José Ignacio Gómez Zorraquino Juan Carlos Lozano López Ignacio Miguéliz Valcarlos José Ángel Rivera de las Heras Luis Roy Sinusía Fotografías José Latova Fernández-Luna para ASF Imagen, salvo las consignadas a continuación: Javier Agote pp. 40 y 268. Archivo de la Asociación de Vecinos «El Cinto» de Tarazona p. 129. Archivo de la Catedral de Tarazona p. 231. Archivo del Centro de Estudios Turiasonenses pp. 104, 117 y 215. Archivo Fotográfico. Museo Nacional del Prado (Madrid) pp. 208, 210 y 211. Archivo Histórico Nacional, Sección de Reproducción de Documentos (Madrid) p. 55. Archivo Jesús Custardoy Ciordia p. 110. Archivo Municipal de Tarazona pp. 124-125, 246, 248 y 249. Archivo Oronoz p. 72. Juan Asensio p. 78. Aurelio A. Barrón García pp. 176, 179, 181, 183 y 185. Rebeca Carretero Calvo pp. 41 y 114 [arriba]. Antonio Ceruelo Caro p. 93. Rafael Lapuente San Pedro pp. 18 y 76. Javier Paricio Royo p. 19. Jesús María Ramos García p. 134. José Ángel Rivera de las Heras pp. 52-53, 59, 62 [arriba], 64 [abajo], 65 [arriba], 68 y 69. David Sancho Bello pp. 114 [abajo] y 155. © Excmo. Cabildo de la Catedral de Tarazona ©Obispado de Tarazona Agradecimientos Archivo Histórico Nacional de Madrid, Asociación de Vecinos «El Cinto» de Tarazona, Ayuntamiento de Tarazona, Cabildo de la Catedral de Tarazona, Cabildo de la Catedral de Toledo, Cabildo de la Catedral de Zamora, Caja de Ahorros de la Inmaculada, Centro de Estudios Turiasonenses, Convento de carmelitas descalzas de San José de Zaragoza, Diputación Provincial de Zaragoza, Museo del Ampurdán de Figueras, Museo Nacional del Prado, Obispado de Tarazona, Obispado de Zamora, Parroquia de Santa María Magdalena de Los Fayos, Parroquia de Santa María Magdalena de Tarazona, Seminario Diocesano de la Inmaculada de Tarazona, Testimonio Compañía Editorial S. A. Marianela Álava Alonso, Cristina Albericio Hernández, Cristina Alonso, José Aragüés Aldaz, Carlos Becerril Rodrigo, Carmelo Borobia Isasa, José Ignacio Calvo Ruata, Olga Cantos Martínez, José M.ª Cerralbo Benedí, Jesús Coloma Lalinde, Jesús Custardoy Ciordia, M.ª Victoria Custardoy Hernández, José Ramón García Ureña, Fernando Giménez Villar, Isaac González Gordo, José M.ª Gutiérrez Bravo, Manuel Jiménez Villarino, Rafael Lapuente San Pedro, Antonio Latorre Mainar, José Manuel Led Huerta, José Carlos de Lera Maíllo, Félix López López de Ullibarri, Luis Murillo, Paz Navarro Pérez, Enrique Olmos, Cirilo Ortín Royo, Arturo Puente Plana, José M.ª Royo Vázquez, David Sancho Bello, Mª José Tarifa Castilla, Ignacio Tomás Cánovas. Colabora: Diseño y maquetación Chema Cruz Impresión Artes Gráficas Palermo S. L. ISBN: Depósito legal: Impreso en España, Comunidad Europea ©De esta edición: Fundación Tarazona Monumental ©De los textos: los autores ©De las fotografías: los autores La Fundación Tarazona Monumental no se identifica ni responsabiliza de los juicios y de las opiniones vertidas por los autores de los textos en uso de la libertad intelectual que se les brinda. El editor y los autores no aceptarán responsabilidades por las posibles consecuencias ocasionadas a las personas naturales o jurídicas que actúen o dejen de actuar como resultado de alguna información contenida en la publicación, sin una consulta profesional previa. Queda prohibida la reproducción o almacenamiento en un sistema de recuperación o transmisión de forma alguna por medio de cualquier procedimiento, sea éste mecánico, electrónico, de fotocopia, grabación o cualquier otro, sin previa autorización escrita de los titulares del Copyright. Reservados los derechos según la Ley de Propiedad Intelectual, recogida en el Real Decreto legislativo 1 / 1996, de 12 de abril. 3 ÍNDICE PRESENTACIONES Fernando GIL MARTÍNEZ ................................................................................................7 Luis María BEAMONTE MESA ..........................................................................................9 Demetrio FERNÁNDEZ GONZÁLEZ ................................................................................11 Rebeca CARRETERO CALVO y Jesús CRIADO MAINAR .................................................13 ESTUDIOS La familia benedictina «coloca» a tres de sus hijos santos patronos de Tarazona .................................................................................15 José Ignacio GÓMEZ ZORRAQUINO San Atilano: monje, obispo, santo .........................................................................51 José Ángel RIVERA DE LAS HERAS San Atilano, patrón de Tarazona. Historia de una devoción..........................73 M.ª Teresa AINAGA ANDRÉS y Rebeca CARRETERO CALVO La iglesia de San Atilano construida sobre su casa natal................................111 Rebeca CARRETERO CALVO Jalones de una devoción. San Atilano en las fuentes documentales turiasonenses...........................................135 M.ª Teresa AINAGA ANDRÉS, Rebeca CARRETERO CALVO y Jesús CRIADO MAINAR CATÁLOGO.............................................................................................................173 BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES ..............................................................................307 5 San Atilano, patrón de Tarazona. Historia de una devoción. M.ª Teresa Ainaga Andrés y Rebeca Carretero Calvo L a elevación de San Atilano, obispo de Zamora, al rango de patrón de Tarazona, ciudad que según la tradición le había visto nacer, el complejo proceso seguido para la obtención de una de sus reliquias, conservadas en la iglesia de San Pedro y San Ildefonso de Zamora, y las sucesivas iniciativas para rendirles culto de manera honrosa constituyen uno de los ejes básicos de la vida turiasonense de los siglos XVII y XVIII. En torno a esta cuestión gira una parte destacada de la religiosidad de la ciudad y de su ciclo festivo a los que, por desgracia, las fuentes tan sólo nos permiten acercarnos de modo parcial. Son estas, y no otras, las facetas del problema que nuestro trabajo abordará a partir de la información reunida tanto en archivos de Tarazona como de Zamora y de la que proporcionan las obras de arte –básicamente relicarios, pinturas y esculturas– que la devoción al patrono auspició. No entraremos, pues, en la vidriosa cuestión del posible carácter apócrifo de un santo que Tarazona «descubriría» a raíz de la aparición en 1596 del libro que fray Atanasio de Lobera1 dedicó al obispado de León, a su patrono San Froilán y al compañero de éste, San Atilano –de hecho, tan sólo conocemos una cita anterior, de 1592–, pues José Ángel Rivera de las Heras hace cumplida referencia a todo ello en otro estudio de este trabajo desde la perspectiva de las fuentes y la historiografía zamoranas. Retablo mayor. Catedral de Tarazona, hacia 1605-1610. Lo que realmente atañe a nuestra investigación es el interés que San Atilano suscitó en la Tarazona de finales del siglo XVI. Creemos que su cabildo catedralicio atisbó en esta figura un elemento valioso para imponer su preeminencia hagiográfica –y, por ende, jurídica– sobre otros territorios del obispado que aspiraban a segregarse de la sede, sirviéndose de los decretos del Concilio de Trento (1545-1563) que habían apoyado y aún recomendado la potenciación del culto a los santos de las iglesias locales.2 Los canónigos turiasonenses se dieron prisa en colegiar a San Atilano con los dos patronos medievales de la diócesis, San Prudencio y San Gaudioso, y con San Millán –un santo aún más problemático que el de Zamora–, incluyéndolos a todos en el nuevo retablo mayor (hacia 1605-1610) de la Seo, que sufragó el obispo fray Diego de Yepes. También comprobaremos el entusiasmo con que poco después el municipio hizo propio este fervor elevando a San Atilano a la categoría de patrón de la ciudad en 1617 para, a su vez, reforzar su posición frente al cabildo catedralicio y poner en marcha un complejo operativo orientado a recabar los apoyos necesarios para hacerse con la reliquia del prelado zamorano. Esto último no se lograría hasta 1644, en un proceso que en algunos aspectos recuerda al que José Ignacio Gómez Zorraquino ha descrito de modo ejemplar para la ciudad de Huesca en el siglo XVII.3 Una historia, pues, alentada en primera instancia en el seno del cabildo pero que en pocos años abanderaría la ciudad, si bien fue 73 Busto relicario de San Millán. Catedral de Tarazona, hacia 1642. precisa la colaboración de ambas instituciones –cuyas relaciones atravesaron con frecuencia situaciones difíciles en lo tocante a San Atilano y su culto– para conseguir la ansiada reliquia con la mediación de Felipe IV y su esposa, la reina Isabel de Borbón. El problema de las fuentes documentales La tarea de historiar la lenta construcción de la devoción a San Atilano, hijo y patrón de Tarazona, se enfrenta a barreras nada fáciles de salvar derivadas de la pérdida de una parte significativa de la documentación que este proceso generó y la imposibilidad de acceder a otra parte asimismo fundamental. Ante todo, es preciso comenzar señalando que las gestiones para alcanzar una reliquia del santo las compartieron el cabildo catedralicio y el municipio, lo que obliga a que el estudio de este problema adopte como punto de partida la revisión de los contenidos de los archivos de dichas instituciones. 74 No ha sido posible la consulta de los ricos fondos del archivo de Santa María de la Huerta, cuyas actas capitulares incluyen la más temprana noticia conocida –del año 1598– que revela el interés del clero de la Seo por el santo prelado y por la consecución de sus reliquias. Este hecho genera una situación de gran dificultad, dado que sus datos no pueden reemplazarse por los que ofrecen otros archivos. Téngase en cuenta que si bien en algunos momentos el cabildo catedralicio y el municipio fueron de la mano, en otros surgieron diferencias entre ambas instituciones que, como mucho, conocemos desde la perspectiva del consejo turiasonense. De hecho, ni siquiera estamos en condiciones de evaluar esa información, de la que tan sólo tenemos constancia por las publicaciones de carácter general de José M.ª Sanz Artibucilla,4 antiguo canónigo, y por algunos datos puntuales –aunque angulares– que hemos reunido en oportunidades anteriores. Si bien por otras razones, el análisis de la documentación municipal está lejos de ofrecer un rendimiento satisfactorio. Para el periodo objeto de nuestro estudio, que principia en los años finales del siglo XVI y alcanza hasta finales del siglo XVIII, los fondos conservados son una porción mínima de los que generó esta institución y, además, la sección fundamental, los libros de secretaría, forman parte del Archivo Histórico de Protocolos dado que durante siglos los secretarios de la ciudad guardaron los registros y documentos que testificaron para esta institución junto a sus protocolos ordinarios, costumbre medieval que ya en 1752 el juez visitador de escribanos consideraba inapropiada.5 Nada subsiste de la correspondencia municipal o de la sección de mayordomía, que hubieran proporcionado datos preciosos sobre las gestiones encaminadas a la obtención de la reliquia o de los festejos que la ciudad organizaba para honrar a su patrono. La situación venía de antiguo, pues ya en 1617, en una reunión del consejo se informaba de que el archivo de la ciudad estaba en mal estado y era preciso ordenarlo, tarea encomendada a dos notarios de número que, además, confeccionaron un inventario denominado libro de derechos y privilegios.6 De otra parte, el racional redactaría un libro con las cosas memorables, como hacían las universidades bien ordenadas. Por último, el acuerdo estipula la preparación de libros anuales de deliberaciones, previstos en las ordinaciones de 1594 y de los que se conserva un ejemplar que abarca el periodo 1647-1681, si bien sabemos que al menos existieron dos anteriores.7 La situación tardó mucho en solventarse, como prueba el que un acuerdo del ayuntamiento de 1776 ordene la recuperación de diferentes documentos, tanto del gobierno antiguo como del nuevo, que estaban en poder de particulares.8 La mejor expresión de las dificultades que generaba tal situación es que cuando en 1752 se emprendieron gestiones ante la Santa Sede para alcanzar rezo propio de San Atilano, los munícipes, que quizá no tenían a su alcance documentación sobre la fecha concreta en la que la ciudad eligió al prelado como su patrón, crearon una comisión ad hoc que revisara los protocolos antiguos para concretar dicho extremo.9 El nacimiento de una devoción (1592-1611) La más temprana mención de San Atilano de la que nos ha quedado constancia en el contexto turiasonense procede de una relación manuscrita que describe el arco erigido con motivo de la visita que Felipe II efectuó a la ciudad para clausurar el 2 de diciembre de 1592 las cortes que pusieron colofón a la «invasión de Aragón» de 1591. Este documento, que en la actualidad está en paradero desconocido, señala que en el frente del aparato efímero, al nivel de los pilares se representó a San Prudencio y San Gaudioso, patronos del obispado, mientras que en la buelta del arco, en los dos lados por la parte de afuera figuraban –sin duda, por vez primera– San Millán y San Atilano.10 La presencia de San Millán o Emiliano, natural de Berdejo y cuyos restos guarda la parroquia de Torrelapaja –poblaciones emplazadas en el arcedianado bilbilitano–, se Ordinaciones municipales de Tarazona por Carlos Muñoz Serrano, Archivo Municipal de Tarazona, 1594. justifica por la devoción que le dispensaba el obispo Pedro Cerbuna (1585-1597), tras superar en 1587 por su intercesión una grave indisposición en Torrelapaja mientras cursaba visita pastoral a su territorio diocesano.11 Sin embargo, no estamos en condiciones de fundamentar la inclusión de San Atilano en el arco de triunfo a partir de otros sucesos previos en Tarazona o en su obispado. El diario de Enrique Cock, miembro de la guardia que acompañó a Felipe II en la citada estancia de 1592, reseña de modo sucinto el aparato efímero sin mencionar al prelado de Zamora.12 Para entonces hacía ya un siglo que los tórculos de los impresores habían divulgado el origen turiasonense del prelado de Zamora. Así, la anónima Leyenda de los Santos (que vulgarmente Flos Santorum llaman)…, cuya primera edición perdida de 1490 se imprimió en Zaragoza, dedica una entrada a Atilano en el apartado de santos extravagantes. Según expresa el texto, a los cinco años el futuro santo fue instruido en letras y, más tarde 75 como ya assaz fuesse ysntruydo: y enseñado en el yugo: entre si el padre i la madre tuuieron por bien de dar al su hijo muy amado Atilano: a las casas y monesterio de señor Sant Bernardo. El qual no es muy lejos de la cibdad de Taraçona: donde los padres hauian seydo nacidos.13 Cabe, pues, concluir que si los padres del santo eran de Tarazona bien debía ser éste también su lugar de nacimiento. Constituye, sin embargo, un anacronismo situar su retiro religioso en un enclave bernardo, pues para entonces la Orden Cisterciense aún no había nacido. De esta tradición se hará eco tiempo después Alonso de Villegas en su Flos Sanctorum Nuevo…, cuya edición príncipe apareció en Toledo, en el año 1578, si bien no se conoce ejemplar alguno de la misma. En la de 1585 el autor dedica un breve artículo a San Atilano que incluye en el apartado de los santos de la Iglesia española. En opinión de Villegas fve Attilano nacido en vna ciudad de Arago[n], llamada Tarraço[na], si bien en esta oportuni- dad se omite toda alusión a su ingreso a edad juvenil en un cenobio o eremitorio próximo a la ciudad del Queiles antes de emprender camino hacia tierras del reino de León.14 No faltaban, pues, las llamadas de atención sobre el ascendente moncaíno de San Atilano, pero a juzgar por los datos de que disponemos el acontecimiento desencadenante del interés de los turiasonenses por él fue la publicación en Valladolid, en 1596, del libro dedicado por el cisterciense fray Atanasio de Lobera al obispado de León, a su patrón San Froilán y a San Atilano, obispo de Zamora y compañero del anterior, que incorpora una minuciosa narración de su vida y da cuenta de su nacimiento en Tarazona.15 No hemos podido encontrar mención alguna de la Historia de la muy antigua e insigne ciudad de Leon… o de su autor, fray Atanasio de Lobera, entre los fondos de aquellas bibliotecas de la ciudad del primer cuarto del siglo XVII cuyos contenidos conocemos a partir de los inventarios post mortem de sus propietarios. No obstante, la novedad llegó San Prudencio y San Gaudioso. Retablo de San Íñigo de Oña. San Pedro de los Francos de Calatayud, hacia 1615-1620. 76 con rapidez, pues el 24 de noviembre de 1597 el jurista Lucas Pérez Manrique y su mujer, María de Ciria, impusieron a una hija el nombre de Úrsula Atilana –doc. n.º 1–, primera turiasonense que, al parecer, lo portó. Un hecho que quizás no pasaría de anecdótico si no fuera porque a lo largo de 1598 se llevaron a cabo otros cuatro bautizos con ese mismo nombre: el de Atilano de Azola,16 hijo de Gabriel de Azola y Ana de Ocáriz; el de Atilano Planillo,17 hijo del notario Francisco Planillo e Inés de Aranda; el de Jacinto Atilano Santa Cruz,18 hijo de Diego de Santa Cruz y Francisca Burro; y el de Atilano Aguado,19 hijo de Pedro Aguado y Gracia Lasheras. Todavía en 1599 fue cristianado Juan Atilano Pelaire Espino,20 hijo de Pedro Pelaire Espino y Catalina Jaray, y en 1600 Atilana Agorría,21 hija de Domingo de Agorría y Josefa García Arista. En los años inmediatos aún se localizan varias partidas más que abundan en el uso del onomástico del futuro patrón –un total de nueve entre 1602 y 1617– pero, en realidad, esta «moda» languideció por un tiempo hasta su reactivación en 1618. El impacto de la obra de fray Atanasio de Lobera también alcanzó a los círculos eclesiásticos de la sede episcopal, pues el 1º de diciembre de 1598, recién fallecido Felipe II, el cabildo de la Seo acordó aprovechar la inminente visita de su sucesor, Felipe III, a la capital aragonesa para pedirle carta para sacar la reliquia de San Atilano de la yglesia de Camora, valiendose del medio de la condesa de Alba de Liesta22 –por Liste– y aludiendo a ciertas ges- tiones –desconocidas– que sobre el particular había avanzado Pedro de Cabañas, arcediano de Calatayud23 –doc. n.º 2–. Ignoramos si el municipio se sumó a esta iniciativa, pues el tomo de secretaría de 1598-1599, a cargo del notario Juan Pobar, no se conserva.24 Un último intento por el momento figura entre las resoluciones del cabildo del 5 de octubre de 1601, que en la festividad del santo decidió recabar la ayuda del nuevo titular de la sede, el jerónimo fray Diego de Yepes (1599-1613), para procurar la reliquia de San Atilano, que tan bien estaria en esta yglesia –doc. n.º 3–. San Atilano, particular. Retablo del Rosario. Parroquia de la Magdalena de Los Fayos, hacia 1600. Los esfuerzos de los capitulares por añadir un abogado «local» –San Atilano– a los dos patrones «diocesanos» –San Prudencio y San Gaudioso– que recibían culto en el obispado desde época medieval bien pudiera responder a la preocupación por cercenar las tentativas de desmembramiento de su territorio que protagonizaban Tudela y Calatayud reafirmando la preeminencia de la iglesia de Tarazona sobre las de esas ciudades. Era muy importante atajar los pasos que para entonces había dado Calatayud, cuyas viejas ansias secesionistas se habían reactivado en 1592, tras apoyar su concejo al rey en el caso de Antonio Pérez,25 que aún habían de rebrotar en 1608 y otra vez en 1630, a raíz de la salida de la diócesis de Martín Terrer de Valenzuela (16131630), hasta que el 3 de noviembre –festividad de San Gaudioso– de 1631 Felipe IV impusiera silencio perpetuo sobre el particular al municipio e iglesia bilbilitanos.26 La capital del Jalón estaba recorriendo un camino en buena medida paralelo al de 77 Salón de Obispos. Palacio Episcopal de la Zuda, hacia 1556. Tarazona para convertir al benedictino San Íñigo, abad de San Salvador de Oña (Burgos), en su patrón y obtener su reliquia, lo que se logró en 1600.27 El regimiento bilbilitano tuvo conocimiento en 1595 de que San Íñigo era oriundo de Calatayud y poco después, en 1598, Miguel Martínez del Villar pondría en letra de molde dicha noticia. En 1604 los ediles le confiaron la tarea de redactar una vida del patrono que no llegó a publicarse, siendo preciso esperar hasta 1612, cuando vio la luz el texto hagiográfico-panegírico que preparó el jesuita Juan Bautista Dameto.28 Esta utilización de San Íñigo de Oña constituía, sin duda, un respaldo fundamental en la estrategia de la ciudad y su clero por dotarse de elementos de identidad propia que reforzaran su deseo de independencia frente a Tarazona. El magnífico retablo (hacia 16151620) que se le dedicó en el monasterio de San Benito de Calatayud,29 obra de mecenazgo municipal y principal expresión iconográfica de este proceso, aún mantiene la presencia de San Prudencio y San Gaudioso, si bien relegados al banco. En piezas de cro- 78 nología algo anterior como el retablo de San Antonio abad (hacia 1585-1590) de Ibdes30 (Zaragoza) –en el arcedianado de Calatayud– o el que preside la parroquia de la Anunciación de la Virgen (hacia 1591-1594) del barrio turiasonense de Tórtoles31 los patrones lucen a mayor escala y ocupan los huecos laterales de la zona noble. No nos parece que esta inversión jerárquica, de la que salen beneficiados varios santos benedictinos, sea inocente o, mucho menos, casual. El consejo turiasonense también compartía la preocupación del cabildo.32 Cuando en marzo de 1597 falleció –en Calatayud– el obispo Cerbuna decidió encomendar a Miguel de Ortí, arcediano de Tarazona, la presentación de un memorial solicitando al monarca la designación como nuevo titular de la sede de Carlos Muñoz Serrano33 –desde 1596 electo de Barbastro–, pieza clave en la política filipina de reordenación eclesiástica del Alto Aragón34 y delegado regio para la elaboración en 1594 de las nuevas ordinaciones concejiles,35 de quien los munícipes valoraban sus buenas artes y ser natural de esta ciudad, como por las muchas limosnas [que] en esta ciudad ha hecho y se [e]spera ha[ra], porque si Su Magestad hiciesse esta [merced] a esta ciudad çesarian muchos p[leitos], como son los de Tortoles y Tudela, y aun de Grisel. Si no era po- sible, la corporación consideraba que otro buen candidato era el inquisidor del Perú Juan Ruiz de Prado,36 asimismo hijo de Tarazona.37 Un segundo documento de final de ese mismo año38 corrobora que la defensa en el pleito con Tudela por su pretensión de erigirse en cabeza de un nuevo obispado, que había estallado en el año 1595,39 sumaba las voluntades de ambas instituciones. A estas primeras iniciativas del estamento eclesiástico, en apariencia puntuales y algo deslavazadas, pero de las que no puede desligarse la solidaridad manifestada por los ciudadanos que eligieron para sus hijos el nombre del santo turiasonense, hay que sumar las manifestaciones de devoción de algunos particulares. Así, en el año 1601 Melchor Cunchillos declaraba en su testamento heredera a Catalina Cunchillos con el ruego de que trajera indulgencias de Roma para su nueva capilla del claustro de la Seo, para las festividades de la Epifanía, San Roque, San Atilano, el Ángel de la Guarda y San Pedro mártir.40 Más allá del problemático arco levantado con ocasión de la entrada de Felipe II, la primera representación de San Atilano que conservamos se halla en Los Fayos, localidad vinculada a su biografía en la que una ermita rupestre evoca el enclave que según la tradición le sirvió de retiro antes de iniciar su largo periplo leonés. Es una pintura que ocupa el lado de la Epístola del retablo de la Virgen del Rosario (hacia 1600) del templo parroquial.41 De estilo próximo al de Francisco Metelín, la tabla sigue el modelo de las de San Prudencio y San Gaudioso que este mismo artista hizo para las calles laterales del ya citado retablo de Tórtoles. Lleva un letrero con su nombre y luce en la mano izquierda un gran anillo episcopal que corrobora su identidad, si bien aún no sostiene el pez que con el tiempo se convertirá en su principal atributo iconográfico. La figura del prelado zamorano empezaba a calar en Tarazona. En febrero de 1611 recorrió estos pagos el cosmógrafo portugués Juan Bautista Labaña, consignando en su diario unos breves apuntes históricos sobre la población y sus edificios más insignes. Tras recordar que San Gaudioso y San Prudencio en su condición de patrones de la diócesis flanquean a San Pedro en la cabecera de la sala grande del Palacio Episcopal, señala que aquí nació San Atilano, obispo de Zamora, aclarando en una nota marginal que falleció en el año 1080 –sic–, que lo canonizó Urbano II y que su festividad se celebra el 5 de octubre, datos para los cuales remite a fray Atanasio de Lobera. También le dijeron que San Emiliano era oriundo de Tarazona.42 Para entonces todos ellos estaban ya representados en el nuevo retablo mayor (hacia 1605-1610) de la catedral, que el viajero aún vio sin policromar, erigido a instancias del obispo Yepes y en el que San Atilano decora la puerta baja del lado del Evangelio, haciendo pendant con San Millán, en idéntica ubicación pero a la parte de la Epístola.43 Buena prueba de que la «hora de San Atilano» aún no había llegado es que durante los siguientes años estos primeros esfuerzos carecerían de continuidad y la ciudad orientaría su atención y fervor devocional hacia otros santos de reputada eficacia como San Roque, abogado contra la peste cuya fiesta votará el concejo el 1599 tras soportar durante meses el azote de tan letal epidemia,44 y Santa Ana, invocada frente a la sequía y cuya celebración adquiriría carácter oficial a partir de 1607 tras varios años de pésimas cosechas.45 San Atilano, patrón de Tarazona (1617-1635) Había de pasar algún tiempo antes de que en torno a 1617 se reavivara el interés hacia el santo, quizá ante la necesidad de recabar auxilio sobrenatural en momentos de particular dificultad, pues desde mediados de la década Tarazona atravesaba años de malas cosechas con las consiguientes crisis de subsistencia que favorecieron la aparición de enfermedades y un serio incremento de la mortalidad.46 Frente a los agentes meteorológicos adversos, la ciudad disponía desde la 79 San Roque de Montpellier. Catedral de Tarazona, hacia 1610. Edad Media de un conjunto de reliquias del Lignun Crucis y varios santos montadas en cruces de plata a las que se atribuía poder apotropaico. Cada 25 de abril, festividad de San Marcos, eran colocadas en un altar sito en la Torre de las Reliquias, en lo más alto de la muralla del Cinto, donde permanecían durante los meses de calor para salvaguarda de los campos hasta que el 8 de octubre, fiesta de San Dionisio, eran conducidas de nuevo en procesión hasta la catedral donde quedaban bajo custodia del cabildo hasta la primavera siguiente.47 En esa coyuntura desfavorable,48 los regidores estimaron oportuno reforzar su eficacia con la mediación de un abogado propio que atendiera sus ruegos de modo más directo. Así, el consejo del 25 de noviembre de 1617 acordó elegir a San Atilano por patrón49 –doc. n.º 4– buscando su intercesión: El notable daño que esta ciudad padece en cada un año por el granizo y piedra es a todos notorio, y muchas universidades de España 80 Santa Ana Triple. Ayuntamiento de Tarazona, hacia 1550. estan libres de este castigo por tener algun santo que interceda por ellos a Dios Nuestro Señor. Y pues esta ciudad tiene un hijo que es cortesano del cielo, y que sus ruegos han de poder tanto, que este consejo sea servido que se vote al señor San Athilano y lo tengamos por patron y amparo para esta necesidad. Y que se haga oficio doble y toda la ciudad lo guarde, y se haga fiesta el dia de su transito felicissimo, que es a cinco de octubre. Dos días después, el 27 de noviembre, el concejo general recogía este argumento para efectuar voto solemne de celebrar en el futuro la festividad del prelado, y daba facultad al justicia y los jurados para intentar conseguir una reliquia del mismo, en Zamora o donde fuera posible. Al mismo tiempo, con el objeto de favorecer su devoción, también los comisionaba para encargar un busto procesional con la correspondiente peana, y para tratar con el cabildo catedralicio su participación en el culto al santo –doc. n.º 5–. En efecto, los oficiales del ejercicio siguiente cumplieron en parte con lo encomendado, pues el 7 de septiembre de 1618 dado que la fiesta de señor Sant Atilano esta botada, decidieron que la corrida de toros que tradicionalmente animaba la feria de septiembre se efectuase el día del patrón –doc. n.º 6–; de acuerdo con las cuentas que presentó el jurado Miguel de Sevilla, los gastos de las actividades lúdicas de ese ejercicio totalizaron 2.464 sueldos.50 En sintonía con ello, en diciembre se retomaban las gestiones ante la iglesia de Zamora para alcanzar algún preciado resto –doc. n.º 7–. En 1619 la festividad de San Atilano se incorporaba al calendario oficial de la ciudad,51 si bien en ese primer año las diferencias entre el cabildo catedralicio y el municipio hicieron que éste contemplase la posibilidad de trasladar las conmemoraciones del patrón, incluida la procesión, a la iglesia de San Francisco donde había tenido lugar ya la solemnidad de San Roque y se esperaba hacer lo propio con la del Ángel Custodio. Todo ello, bien entendido, siempre que los capitulares no permitieran que la Seo sirviese de marco a la ceremonia.52 Al parecer, la desavenencia entre ambas instituciones había surgido por problemas de protocolo tanto en el desarrollo de la procesión del Corpus Christi como en otras de carácter particular –entre ellas, quizás la recientemente instituida de San Millán53 y, a no dudar, la del propio San Atilano–, en las que la ciudad alegaba que le correspondía un puesto de mayor preeminencia que al cabildo, a lo que éste se negaba.54 No tenemos datos suficientes respecto a cómo se organizaba la procesión del Santísimo Sacramento en Tarazona, responsabilidad que compartían ambas corporaciones,55 pero consta que los capitulares asistían con sus magníficas cabezas de San Prudencio y San Gaudioso,56 lo que debía provocar no poca frustración en la municipalidad. Creemos, pues, que la decisión tomada el 29 de septiembre de 1620 de celebrar a San Atilano con fiestas, regocijos y luminarias57 y, de manera particular, la de retomar la iniciativa de sufragar una imagen de plata del prelado de Zamora –doc. n.º 8– debe leerse en este contexto. Busto de San Atilano, particular del joyel con la reliquia. Catedral de Tarazona, 1620-1621. 81 Busto de San Gaudioso, particular del capillo con la Epifanía. Catedral de Tarazona, 1578-1580. El encargo del busto de San Atilano58 al platero zaragozano Claudio Yenequi supone, sin duda, un salto cualitativo en la implicación de la ciudad en los actos festivos con los que se honraba a su recién designado protector. Para su ejecución requirió el concurso del artífice aragonés más prestigioso del momento, quizás porque los talleres turiasonenses ya no ofrecieran las garantías de calidad de la segunda mitad del siglo XVI, cuando los maestros locales Pedro los Clavos y Luis de Guevara menor confeccionaron, respectivamente, los citados bustos de San Gaudioso59 y San Prudencio,60 piezas muy notables. De hecho, cuando el 7 de noviembre las personas delegadas por el concejo concertaron la cabeza de San Atilano con Claudio Yenequi le impusieron como modelos el ya referido busto de San Gaudioso y el de San Valero de la metropolitana,61 la creación aragonesa más conseguida –a la par que la más temprana– de estas características –doc. n.º 9–. Vestido de pontifical, la capa de imagine- 82 ría incluye en las capilletas bajas del fres relieves de dos santos obispos, sin duda San Gaudioso y San Prudencio, y más arriba otras dos hornacinas con San Pedro y San Pablo. Como es habitual, el broche sirve de relicario y en la actualidad alberga en el viril varios fragmentos de la reliquia del patrón. En el reverso, bajo un querubín dispuesto a modo de trava, el capillo exhibe la divisa heráldica de la ciudad en la plaza que según la capitulación debía ocupar el milagro del barvo, algo que con frecuencia se ha explicado mediante una hipotética reforma que hasta el momento no ha sido posible corroborar. Lejos de ello, la documentación compendiada en 1752 con motivo de la solicitud a la Santa Sede de rezo propio del santo señala de forma expresa que, en efecto, nuestro busto era sacado en procesión por la ciudad y que al dorso tiene grabadas las armas de la ciudad.62 La cabeza, de medido realismo, está tocada por una mitra alta que llama la atención por su sorprendente austeridad. Busto de San Atilano, particular del capillo con el escudo de Tarazona. Catedral de Tarazona, 1620-1621. El platero debía dar el busto concluido en Tarazona para el 8 de septiembre de 1621. El contrato estipula que su peso en plata alcanzaría las 500 libras de metal, con un margen de cincuenta libras hacia arriba o hacia abajo, y a continuación designa a una comisión a la que encomienda la visura y aprobación de la pieza. Más tarde se expresa que el artífice quedaba obligado a presentar fianzas antes de recibir un anticipo de 500 escudos a cuenta de su labor, y que otorgaría una primera comanda por dicho importe a favor de los comitentes y una segunda por otros 4.000 sueldos. Claudio Yenequi acató lo pactado y, ya en Zaragoza, el 22 de diciembre de dicho año suscribió en compañía del dorador Domingo Lasheras, el notario Pedro Alexandre y el presbítero Juan Morlanes una comanda de 14.000 sueldos a favor de Víctor Sánchez de Segura, mayordomo de Tarazona. Poco después, el 2 de enero, el mayordomo le libró el anticipo de 10.000 sueldos previsto en la capitulación.63 El nuevo busto estaba a punto para la festividad de San Atilano de 1621 dado que transcurridos dos días, el 7 de octubre, el platero percibió en Tarazona 8.000 sueldos de manos del citado Víctor Sánchez de Segura a cuenta de la plata, oro y hechuras de la cabeza que había hecho.64 La comisión encargada postergó la visura hasta el 13 de diciembre, cuando dio por bueno el trabajo y lo estimó en 20.873 sueldos 3 dineros, de los que el artífice ya había cobrado por entonces 18.000 –doc. n.º 11–. Al día siguiente Yenequi otorgó finiquito a la ciudad de las cantidades pendientes –doc. n.º 12– tras lo cual se cancelaron las comandas asociadas al encargo.65 Casi a la vez se encomendó al carpintero Domingo Corella el ensamblaje de una peana procesional de acuerdo con los contenidos de la traca que se le da, que ymita la de señor Sant Prudencio –doc. n.º 10–. En pocas jornadas se le satisfizo un primer pago a cuenta de 2.000 sueldos.66 Aunque hubo de concluirse para su utilización en la fiesta de San Atilano de 83 1621, el artífice no liquidó su importe hasta febrero del año siguiente, cuando ingresó 7.000 sueldos por raçon de la hechura de la peayna de señor Sant Atilano.67 La suma, considerable para un elemento de este tipo, acredita que se trataba de una máquina notable y que no desdeciría de las lujosas andas de las cabezas del cabildo de la catedral. No tenemos otros datos sobre esta pieza, que si bien se materializó no ha llegado a nosotros. Tampoco conservamos el modelo propuesto, la peana manufacturada por el escultor turiasonense Juan Sanz de Tudelilla en 1589 a instancias del obispo Pedro Cerbuna,68 quien también había sufragado el correspondiente busto de plata. Si la peana de San Atilano se atenía al referente, debió ser una estructura muy monumental, de tres cuerpos decrecientes de planta ochavada y organización piramidal, el primero de los cuales estaría decorado con relieves narrativos que en la estructura renacentista eran cuatro escenas de la vida del titular. Una vez ultimados el busto y su peana la ciudad se planteó el problema de la custodia de ambos en condiciones adecuadas. Así, en febrero de 1622 el consejo acordó confiar la cabeza del patrón al cabildo de la Seo con reconocimiento que haga como [que] es de dicha ciudad, como se hace con las demas reliquias de dicha ciudad el dia de Sant Dionis, así como hacer un armario en dicha iglesia en el que guardar su peana procesional –doc. n.º 13–. Lo último había de esperar aún varios años, mientras que lo primero no tardó en convertirse en una nueva fuente de tensiones entre ambas instituciones. Un consejo de noviembre de 1623 expresa que, en efecto, el acuerdo del año anterior se había cumplido y el busto de plata del patrón había quedado depositado en la catedral. Sin embargo, el cabildo se negó a hacer reconocimiento de que era propiedad municipal: aseles pidido que hagan [reconocimiento], como lo haçen de las demas reliquias que son de la ciudad, y han respondido que por ningun casso lo haran, sino que si gusta dexalla como asta aqui que la tendran, o si no que se la llebe la çiudad siempre que quisiere. Ante tal situación, los regidores concejiles decidieron sacar el busto y la peana 84 de la Seo, y buscar un lugar que reuniera las características requeridas para su custodia.69 En 1626 aún no se había encontrado plaza competente para guardar la peana, motivo por el cual esta muy maltratada y le faltan muchas figuras, expresándose que este daño le ha venido de no haver un puesto seguro donde guardarla, por lo que de nuevo se insistió en la necesidad de hacer un armario que garantizara su preservación.70 Fue preciso esperar hasta 1634 para que, por fin, el albañil Juan Duesca levantara un recinto de fábrica en el claustro de la Seo para dicho cometido –doc. n.º 19–. Por entonces la peana estaba en blanco y así seguiría mucho tiempo, dado que una noticia de 1653 da cuenta de la admisión de un donativo ofrecido por un devoto para dorarla –doc. n.º 31–. Como ya había sucedido en 1598-1599, la reactivación del interés por San Atilano y las pretensiones de hacerse con su preciada reliquia que se produjo en 1617-1618 tuvo el refrendo de la ciudadanía turiasonense, que volvió a confiar en su patrón para designar a un número crecido de recién nacidos, tanto niños como niñas.71 Así, en 1618 fueron siete los neonatos que recibieron este nombre frente a los dos de 1616 y de 1617; en 1619 el número fue de seis para bajar a tan sólo uno en 1620. La cifra se iba a recuperar en 1621, con seis, para alcanzar el máximo en 1622, con catorce. En 1623 y 1624 se mantiene una tendencia alta, con nueve en cada ejercicio. A partir de ese momento, superada la novedad que supuso ver desfilar su lujosa cabeza de plata, la moda retrocede y en 1625 el nombre del santo se impuso tan sólo a dos niños, entre 1626 y 1628 a cuatro por anualidad, y a tres en 1629. El nuevo impulso otorgado a la conmemoración del patrón que siguió al voto de 1617, en el que la ciudad había tomado el relevo del cabildo, alcanza, al menos hasta 1623 cuando, de acuerdo con las fuentes a las que hemos tenido acceso, la institución eclesiástica hizo un esfuerzo por no quedarse a la zaga. Ese verano el consejo tuvo constancia a través de una carta remitida desde Roma por Miguel de Luna de que el deán Gaudioso Mateo había iniciado gestiones para conseguir que la Santa Sede emitiera un breve apostólico autorizando la celebración de octava solemne en la festividad de San Atilano. Según rezaba la misiva, la solicitud se había formulado en nombre de ambas entidades, por lo que don Miguel pedía a ésta una provisión de 2.000 sueldos para llevar a término la tarea. Dado que se carecía de antecedentes sobre la cuestión se consultó al deán, quien explicó que lo havia exerito a peticion de Juan Dionis Fernandez, como deboto del Santo. El consejo acordó sumarse entonces a la iniciativa no sin antes concluir con el eclesiástico que la aportación municipal fuera de 500 sueldos –doc. n.º 14–. Desconocemos el resultado final de esta pretensión. Una última noticia de ese año 1623 da fe de una nueva campaña para alcanzar el preciado vestigio del patrón. En una reunión de finales de noviembre, los consejeros ciudadanos decidieron solicitar cartas de adhesión a la Diputación del Reino, al virrey y al justicia de Aragón –el turiasonense72 Lucas Pérez Manrique–, que se sumarían a las recomendaciones ya recabadas por los también turiasonenses Fortún Díez y Juan Dionís Fernández ante el concejo de Zaragoza y el cabildo metropolitano para que cuando estas dos instituciones se desplazaran a Zamora para presentar sus respetos al prelado de dicha ciudad y arzobispo electo de Zaragoza, fray Juan Martínez de Peralta, intercedieran ante él en nombre del concejo de Tarazona para que ayudara en la consecución de la reliquia –doc. n.º 15–. Ni que decir tiene que la misión no se vio coronada por el éxito, pero al menos evidencia el compromiso personal de Fortún Díez y del ya citado Juan Dionís Fernández, prohombres de indudable relieve en la vida ciudadana local de quienes, no obstante, poco podemos aportar. A este respecto, interesa recordar que cuando en 1629 los albaceas de Beltrán Navarro intentaron fundar una capellanía bajo título de San Atilano en la cárcel municipal, Fortún Díez de Escorón ofreció de forma desinteresada un patio en un corral contiguo a las casas de la ciudad para la edificación del oratorio.73 Una mayor significación reviste la confianza que los consejeros depositaban en Lucas Pérez Manrique, justicia de Aragón a la par que uno de los turiasonenses más preeminentes del primer tercio del siglo XVII. Jurista de gran prestigio, Lucas Pérez Manrique había nacido a orillas del Queiles en 1559 en el hogar formado por el notario Sello de Lucas Pérez Manrique como justicia de Tarazona. Archivo Histórico de Protocolos de Tarazona, 1594. 85 público Pedro Pérez y Catalina Manrique.74 En 1590 desposó a María de Ciria, con la que en 1597 tuvo a Úrsula Atilana, la primera niña a la que se impuso en la localidad el nombre de su futuro patrón. Ocupó cargos concejiles como el de justicia en 1594-1595,75 asesor del justicia y los jurados en 15971598,76 y lugarteniente del justicia en 15981599.77 También fue asesor del Santo Oficio en Tarazona antes de solicitar en 1602 el puesto de consultor del Tribunal del Santo Oficio en Zaragoza.78 Esto supuso su traslado a la capital aragonesa y, de hecho, a partir de 1607 y hasta 1626 permanecerá insaculado en sus listas de ciudadanos para desempeñar oficios municipales.79 En este momento inició una brillante carrera junto a la corona, a la que sirvió como asesor del gobernador de Aragón, miembro del consejo criminal, regente del consejo de Aragón80 y, a partir de 1622, justicia de Aragón.81 Fallecería en ejercicio de esta magistratura el 9 de junio de 1632, siendo sepultado en el trasagrario de San Francisco de Tarazona que había hecho edificar con propósito funerario.82 Micer Lucas Pérez reunía, pues, la doble condición de devoto de San Atilano y personaje de gran influencia en los centros de poder aragoneses y de la corte, a quien la ciudad había acudido en oportunidades anteriores buscando su respaldo.83 Ignoramos, pese a todo, su grado de implicación en esta empresa que, no obstante, aún había de esperar una coyuntura más favorable. Intradós de la cúpula del trasagrario. Parroquia de San Francisco de Asís de Tarazona, 1630-1632. 86 San Atilano, particular de San Joaquín con la Virgen Niña entre Santa Ana, San José, San Atilano y Santa Teresa de Jesús. Convento de San José de Zaragoza, 1637. El 4 de octubre de 1630 tuvo lugar un trascendente suceso. El turiasonense Diego de Gante, señor de Fontellas (Navarra), donó a la ciudad el primer resto material que ésta alcanzó de su patrono: un fragmento del cendal de tafetán carmesí que envolvía el cuerpo santo en su arca relicario de plata de la iglesia de San Pedro y San Ildefonso de Zamora. El acto de la cesión expresa que don Diego la había recibido directamente de manos del obispo de Zamora, a la sazón Juan Pérez de la Serna (1627-1631), pero, como es lógico, no detalla otras circunstancias sobre este particular84 –doc. n.º 16–. Apenas un mes antes el consejo acordaba agasajar a su patrón lo mejor que se pueda, extendiendo los festejos también al día de la víspera,85 que finalmente coincidiría con la recepción de la citada reliquia por contacto. A partir de ese momento, esta tela de tafetán figura en la relación de las preseas sacras de la ciudad –doc. n.º 17– que el día de San Marcos se llevaban a la torre de las reliquias para proteger los campos de las inclemencias, de manera muy especial el pedrisco. No parece casual el que tres años después, en 1633, se estime oportuno celebrar la festividad de su abogado celestial con especial boato en reconocimiento a su papel intercesor frente a tan temido y frecuente meteoro. Además, los regidores habían tenido noticia de que una persona que esta en Sevilla se había hecho con una reliquia suya por medio del obispo de Zamora, por lo que de nuevo decidieron iniciar diligencias para intentar que el anónimo poseedor de tan valioso bien lo cediera a la ciudad que había visto nacer al prelado –doc. n.º 18–. Dejando de lado la tabla de Los Fayos (1600), el retablo mayor catedralicio (hacia 1605-1610) y el busto de plata (1620-1621), las primeras representaciones plásticas de San Atilano que conservamos deben fecharse a lo largo de la cuarta década y pueden vincularse al aumento del fervor que debió generar la llegada en 1630 del aún modesto talismán de su sudario. Es probable que la más temprana sea un lienzo custodiado en la parroquia de Santa María Magdalena que muestra de cuerpo entero y disposición colegiada al patrón de Tarazona, pertrechado ya del pez que constituye su principal distintivo, junto a San Blas de Sebaste,86 protector frente a las enfermedades de la garganta y el garrotillo o difteria, a quien el municipio imploró en 1630 la finalización del brote de garrotillo que asolaba a sus vecinos votando su fiesta.87 Resulta, pues, razonable pensar que la pintura se encargara buscando un doble amparo en tan difícil coyuntura.88 Mayor interés plástico tiene el lienzo que el canónigo Diego Cabeza de Vaca sufragó en 1633 para el altar de la capilla de la cárcel municipal. Allí aparece nuestro prelado arrodillado en oración al pie del Crucificado haciendo pendant con San Leonardo, que ocupa el otro lateral. Esta pintura, de calidad muy estimable, es obra que se atribuye al pintor local Francisco Leonardo de Argensola, posible autor también de la pieza anterior.89 Sin embargo, la primera obra maestra salida de los talleres turiasonenses que cuenta 87 entre sus protagonistas a San Atilano es un magnífico lienzo de formato apaisado del convento de carmelitas descalzas de San Joaquín que la comunidad llevó consigo tras cerrar este cenobio y unirse al de San José de Zaragoza. Tal y como propone el inventario artístico del Partido Judicial de Tarazona, debe identificarse con una de las pinturas que Gil Ximénez Maza ejecutó para la casa en 1637.90 Concebido como una sacra conversazione, representa en el centro a San Joaquín como trono de la Virgen María entre figuras de tres cuartos de Santa Ana y San José; más abajo, en primer término, un precioso San Atilano de medio cuerpo haciendo pendant con Santa Teresa. En el fondo el pintor ilustró varios emblemas marianos mientras en la parte alta se despliega un dinámico coro de ángeles con el Espíritu Santo. La inclusión de San Atilano en esta obra se justifica por el apoyo que la ciudad ofreció en la fundación de este convento. Es una reelaboración –con los oportunos cambios iconográficos– de la tela que Cristóbal de Vera, pintor del obispo fray Diego de Yepes, y Leandro de Covarrubias hicieron en 1601 para presidir la capilla provisional que las carmelitas descalzas de Santa Ana habilitaron en su residencia del Palacio Episcopal mientras se construía su convento. Más próxima a los años centrales de la centuria podría estar, por último, un segundo óleo de la parroquia de la Magdalena de Tarazona procedente del convento de la Concepción de Nuestra Señora en el que San Atilano, de medio cuerpo y en actitud bendiciente, es protagonista único. Se trata de una pieza estimable que bien pudiera corresponder a la etapa de madurez de Francisco Leonardo.91 No se olvide que el convento de las concepcionistas, adosado a la muralla del Cinto, estaba muy cerca de las casas de la ciudad y de la capilla del santo en la cárcel. Una vez más, la consulta de los libros de bautismo de la ciudad permite constatar una clara tendencia a la recuperación del interés por San Atilano, elegido a partir de 1630 cada vez con más frecuencia como nombre 88 de pila por las familias turiasonenses para sus vástagos, en ocasiones unido al de otros santos tan universales como San José y San Francisco.92 Así, en 1630, año de la consecución del fragmento de sudario, el número de bautizados con su nombre fue de seis, en 1631 subió a ocho, a nueve en 1632 y a once en 1633. El año 1634 marco un pico con dieciocho niños y niñas. Si bien con altibajos, durante la década siguiente el uso del nombre del patrón pasó a ser una opción bastante común a la hora de cristianar a los recién nacidos de la ciudad. Si en 1635 fueron doce al año siguiente se llegó a los veintidós, máximo hasta ese momento en una anualidad. En 1637 la cifra fue de trece, en 1638 de veinte y en 1639 de diecinueve. El cómputo disminuye de nuevo con el cambio de década, de modo que en 1640 los neonatos a los que se impuso el onomástico del patrón fue de tan sólo diez por ocho en 1641, doce en 1642 y ocho en 1643, en el umbral de la obtención de la ansiada reliquia. La consecución de la reliquia (1642-1652) Ya en 1642, con ocasión de la estancia de Felipe IV en Zaragoza, las súplicas turiasonenses habían llegado al entorno de la corte,93 pero sería el verano-otoño de 1643 el que marcara el «asalto final». Una reunión concejil del 21 de septiembre acordó recurrir a los buenos oficios de Lucas II Pérez Manrique, hijo del difunto justicia de Aragón homónimo, para rogar al rey que escribiera al cabildo y a los regidores municipales de Zamora con el ruego de que concedieran a Tarazona tan ansiada merced.94 Al requerir el auxilio del soberano se había vuelto al punto de partida de 1598, cuando el cabildo turiasonense decidió acudir a la mediación de la condesa de Alba de Liste para recabar el apoyo de Felipe III ante la catedral de Zamora –doc. n.º 2–. La diferencia es que en esta oportunidad Tarazona sí logró el respaldo regio y, a la postre, éste resultó decisivo en la feliz culminación del negocio. Felipe IV, de viaje hacia Zaragoza y tras una parada previa en Ágreda (Soria), hizo una breve jornada en la ciudad del Queiles entre el 10 y el 19 de julio de 1643 y visitó Los Fayos95 donde, según fray Gregorio de Argaiz, pudo admirar el oratorio construido en el antiguo eremitorio de San Benito al que se retiró San Atilano.96 El municipio, que le agasajó con un presente de cien doblones de a cuatro en una salvilla de plata, respondió a la demanda de hombres de armas para la guerra de Cataluña y aprovechó para pedirle la confirmación de sus privilegios y algunas otras cosas que a vuestras mercedes pareciere ser de conveniencia, y en utilidad y provecho de esta ciudad.97 No hay duda de que entre esas otras cosas convenientes estaría el ruego de que fa- voreciera las gestiones conducentes a la consecución de la reliquia del patrón. Tarazona se sirvió también con idéntico propósito de la coyuntura favorable que proporcionaba la designación de un nuevo prelado de la sede, Diego Castejón y Fonseca (1643-1655), nombrando un síndico que acompañara al del cabildo para presentarle sus respetos.98 La embajada tuvo éxito, pues don Diego suscribió unas letras para el cabildo zamorano el 31 de agosto de 1643,99 meses antes de su toma de posesión, diferida hasta el 15 de diciembre de 1643. A la carta episcopal seguirían inmediatamente después otras del presidente del consejo de Castilla100 –del 1 de septiembre– y de la reina101 –del 3 de septiembre–. El 21 de septiembre el consejo acordaba, como ya dijimos, encargar a Lucas II Pérez Manrique la elevación de una nueva súplica a Felipe IV para que escribiera a las autoridades municipales y eclesiásticas zamoranas para el buen despacho de la reliquia de el señor San Atilano.102 Para el 27 de noviembre ya se disponía de las cartas del rey103 –doc. n.º 20– y se decidió remitirlas junto al memorial –de 1642– preparado al efecto al justicia de Aragón para que hiciera llegar el expediente al secretario Andrés de Rozas y éste, a su vez, lo enviara a Zamora.104 Una reunión del 3 de diciembre volvía sobre el mismo asunto dando cuenta de la recepción en Tarazona de las misivas regias para la ciudad y cabildo de Zamora, y valorando la Panorámica de Los Fayos. 89 posibilidad de comisionar ya síndicos; sin embargo, dado que aún estaba previsto recabar otros apoyos y que el frío del invierno desaconsejaba tan largo desplazamiento, se optó tan sólo por intentar obtener cartas para el obispo y el corregidor de Zamora.105 Superado lo más crudo del invierno, a mediados de marzo el justicia daba cuenta de que aún faltaban recomendaciones reales para la cofradía de caballeros de Zamora y el monasterio de Moreruela.106 Poco después se estimaba que las gestiones desplegadas eran, pese a todo, suficientes y que había llegado el momento de elegir delegados para emprender el viaje; por este motivo, la ciudad pidió al cabildo que designara procurador.107 La institución eclesiástica confió su representación a Antonio Jimeno, canónigo tesorero,108 y el concejo a Antonio Muñoz Serrano, caballero de Santiago.109 Los síndicos turiasonenses comparecieron ante el cabildo catedralicio de Zamora el 22 de junio de 1644 haciendo relación de su deseo de conseguir una reliquia de San Atilano, hijo y patrón de Tarazona: …para que el ferbor y santo celo con que la ciudad de Tarazona desea serbir al glorioso Santo tenga mayor aumentacion, deseaba una reliquia de su santo cuerpo que dichosamente goça esta ciudad cholocado en la yglesia de San Pedro y San Elifonso de ella. Y para conseguirla se an balido de cartas de el Rey y Reyna, nuestros señores Dios los guarde, y del ilustrisimo señor presidente de Castilla y del señor don Diego Castejon, presidente de Castilla, obispo de Tarazona, señores condes de Alba d[e] Aliste, don M[arian]o del Castillo y Samano, y otras personas. Que suplicaban al cavildo biesse las dichas cartas… Una vez atendidos estos argumentos, sus interlocutores decidieron entablar conversaciones sobre la cuestión con el obispo Juan Coello de Sandoval y Rivera, la ciudad y la cofradía de caballeros.110 A finales de junio y tras largos debates que habían valorado las diferentes opciones, para evitar subir hasta el recinto en donde se custodian los cuerpos santos –lo que suponía poner en marcha un ceremonial harto complejo–, el cabildo pensó en la posibilidad de desprenderse de uno de 90 Claustro de la catedral de Zamora con vista del cimborrio. los objetos de San Atilano guardados en la catedral o bien su báculo, depositado en la iglesia de San Pedro y San Ildefonso; a pesar de todo, como no se alcanzara una solución satisfactoria, se organizó misa y procesión suplicando la intercesión del santo.111 Tras escuchar a la ciudad y a los caballeros cubicularios, y mantener diversas entrevistas con el prelado de la sede,112 el 11 de julio de 1644 el cabildo acordó entregar una reliquia resolviendo que ésta fuera un hueso del Santo a extraer de la urna que contiene sus restos, y no ninguna de las conservadas en la catedral –doc. n.º 21–. De todo ello se dio cuenta al obispo y al regimiento municipal, concretándose después que la reliquia adjudicada era un hueso del brazo.113 Las asambleas de los días 15 y 19 de julio fijaron el ritual a seguir en su extracción.114 A partir de las nueve de la noche del sábado, día 23 de julio, las campanas de las iglesias y del reloj tocarían a fiesta solemne.115 Además, en la catedral se prepararían luminarias en el pórtico y en las torres, dándose aviso a los ministriles. La ceremonia se desarrollaría al día siguiente, el domingo 24, y principiaría con una procesión solemne desde la Seo hasta San Pedro y San Ildefonso para recoger la reliquia. El acta de la extracción, llevada a cabo la víspera, indica que es un gueso que parecia ser canilla de un vraço, de la muñeca asta el codo, con sus remates del y junturas; el qual su señoria dejo apartado y ençima de un velo pajiço que estava ençima de dichos guesos y cuerpo santo para efecto de llevarle mañana, dia domingo, en procesion a la catedral desta çiudad.116 Desde allí se transportaría a la catedral, donde tendría lugar una misa de pontifical, ofreciéndose después en adoración al pueblo. Al anochecer, una vez concluidos los actos, se encomendaría a los comisionados turiasonenses. Cuatro capitulares garantizarían la custodia de la presea sacra mientras permaneciera en el templo. Las actas mencionan otros detalles del protocolo a seguir, que contempla la participación de las principales autoridades ciudadanas y de varios representantes de la nobleza. Tarazona conoció la buena nueva con rapidez, pues el mismo 23 de julio el consejo gratificó a Juan Rodríguez, portero de Zamora, con 300 reales de estrenas y guantes por hacer de correo. Además, acordó tomar mil ducados a censo para enfrentar los gastos que ocasionaría el acontecimiento y designó seis comisarios –tres por el estamento de hidalgos y otros tres por el de ciudadanos– que junto a los tres ya nombrados prepararían la ciudad. Los festejos para el recibimiento quedaron, no obstante, a cargo del justicia y los jurados.117 El clero de la Seo proyectó una octava de sermones para la fiesta del Santo118 –entendemos que para las fechas de la traslación de su reliquia–. El trofeo sacro llegó a Tarazona119 el lunes, 8 de agosto, y fue recibido por una nutrida comitiva ciudadana encabezada por ediles y capitulares que lo acompañaron hasta el sagrario de la parroquia de San Miguel arcángel –doc. n.º 22–. Dos días después el cabildo catedralicio ratificaba el convenio alcanzado por sus delegados y los municipales sobre su propiedad y custodia: el cabildo cedería su parte en los derechos sobre la reliquia a cambio de que la ciudad la depositara en la Seo en tanto se erigiera un templo dedicado a San Atilano.120 En la siguiente convocatoria acordó que el día 12 Antonio Jimeno y Antonio Muñoz Serrano, síndicos desplazados a Zamora, transfirieran la reliquia a los procuradores designados por ambas instituciones; por parte eclesiástica se eligió en primera instancia a Miguel de Rada, arcipreste, Fernando de la Cervera y Carrasca, Lorenzo Barrabés y Jorge de Burgos, canónigos, y al racionero Diego Ruiz; a continuación se añadió a Martín de Blancas, arcediano de Calatayud, y al racionero Antonio de Rivas.121 Poco antes del ritual de entrega, en la misma jornada el cabildo determinó que Lorenzo Barrabés y Diego Ruiz lleben la llabe del arca de la reliquia del señor San Atilano a la ciudad, y que se añada otra llave al arca, de suerte que el cabildo tenga una llave del arca de plata y otra de la arca de fuera, y respectivamente Verdaderos retratos de los Santos Cuerpos de San Ildefonso y San Atilano, particular de las urnas relicarios, hacia 1806-1810. 91 las otras dos la ciudad.122 Reunidas ambas cor- poraciones en la iglesia de San Miguel ante el pueblo de Tarazona congregado, el tesorero Antonio Jimeno y Antonio Muñoz Serrano abrieron los dos cofres que protegían el preciado resto: los dichos señores… abriendo el dicho sagrario de el sacaron un cofrezico aforrado por afuera con terciopelo carmessi, y guarnezido y tachonado con galon de oro, y yerros y clavos dorados. El qual puesto encima el ara del altar mayor, dichos señores tessorero y don Antonio Muñoz Serrano lo habrieron con las llaves que en su poder tenian, a saver es, el dicho señor thessorero la cerradura del lado drecho y dicho señor don Antonio Muñoz Serrano la del lado izquierdo. Y havierto dentro del se allo un cofrezico o arquica de plata, la qual sacada de dicho cofre fue allada çerrada y liada por tres partes con unos listones de seda, y en los remates sellada con tres sellos grandes…123 Y luego, con unas tixeras se cortaron dichas cintas con que estaba liada dicha arquica de plata, y con una llave que se allo atada a dicha arquica el dicho señor thesoreso habrio aquella. Y abierta se allo que estava cubierta con un viril o vidrio guarnecido de varilla de plata, y quitado aquel y un tafetan azul que habia encima, debaxo se allo un tafetan carmessi, y embuelta en el una canilla que parezia ser la delgada del brazo, entera, con sus remates, de largueza de una tercia, antes mas que menos. Y tomandola en su mano, dicho señor thessorero la mostro al pueblo que asistia en dicha yglesia para que la adorasse y venerasse, de que se siguio a los circunstantes indecible consuelo y alborozo. Una vez reconocido, los síndicos lo entregaron a los representantes del cabildo catedralicio y de la ciudad, que cerraron el cofre de plata con una sola llave y lo colocaron en el cofre forrado de terciopelo carmesí, que se clausuró con dos llaves124 –doc. n.º 22–. A continuación Martín de Blancas, arcediano de Calatayud y presidente del cabildo, y José de Gurrea y Cerdán, justicia de Tarazona –junto a los jurados y el lugarteniente del justicia–, tras absolver a los síndicos de todas las res- Torre de la parroquia de San Miguel de Tarazona. Retablo mayor. Parroquia de San Miguel arcángel, 1557-1572. ponsabilidades adquiridas, encomendaron la custodia de la reliquia, que había sido introducida de nuevo en el sagrario de San Miguel, a Pedro Baiz, vicario parroquial, reservándose las llaves.125 Ese mismo día, el cabildo turiasonense remitió una misiva al de Zamora informándole de la recepción de la reliquia y agradeciéndole la merced de su concesión.126 El 13 de agosto se formalizaron mediante dos documentos públicos los pactos sobre la titularidad de la reliquia. Así, la catedral cedía la propiedad al municipio con las reservas a las que ya se ha hecho alusión; es decir, que ésta quedaría depositada en la Seo en tanto no se construyera una iglesia dedicada a San Atilano127 –doc. n.º 23–. La ciudad cumplió con su parte del acuerdo y tras nombrar procuradores a Francisco de Rama, ciudadano, y Juan de Barnuevo, infanzón,128 éstos encomendaron su custodia al cabildo129 –doc. n.º 24–. 93 Tal y como habían expresado los comisarios al entregar la reliquia, la ceremonia de su traslación a la Seo debía efectuarse –por motivos que no se explicitan– el 28 de agosto, domingo. El día 16 la ciudad acuerda tomar a censo las sumas necesarias para hacer frente a los gastos derivados de la llegada y traslado de la presea sacra, que el concejo fijó en 30.000 sueldos.130 Es probable que dicha suma incluyera los 22.000 sueldos tomados a crédito con autorización del concejo el 23 de julio. Tres días más tarde el cabildo decidía hacer un armario para albergar las reliquias del templo.131 Según Gregorio de Argaiz, las celebraciones se prolongaron durante veinte días y congregaron a gentes de las principales localidades del obispado.132 Por desgracia, no nos ha quedado otro testimonio de la ceremonia de traslación a la Seo y de las fiestas organizadas133 que el resumen de lo que las arcas municipales gastaron en esta empresa, incluido lo que costó traer la reliquia, el adorno de la misma y los actos lúdicos: …haviendo visto las cuentas de lo gastado en Zamora y en el adorno de la reliquia, y con las estrenas y actos que se han hecho en la consequcion y adorno de la reliquia, incluyendo las dietas del sindico, que se admitiessen, y admitiendo todo como justo, ochocientas libras jaquesas, siquiere diez y seis mil sueldos, y no mas, los quales admitieron y mandaron se paguen de los bienes que hay dispuestos por el consejo y conçello de dicha ciudad para dicho fin. Y assimismo, admitieron las quentas de los gastos hechos en las fiestas, que con quatro mil docientos sueldos jaqueses que estan dados a don Antonio Muñoz, sindico, y se han de incluir en las ocho planas, montan ochocientas libras jaquesas. [Sumando todo] treinta y quatro mil docientos cinquenta y tres sueldos jaqueses. Una de las consecuencias de las gestiones desarrolladas con motivo de la obtención de la reliquia de San Atilano fue el acuerdo de hermanamiento al que llegaron los cabildos catedralicios de Zamora y Tarazona. Las condiciones del pacto se negociaron entre septiembre134 y octubre, de modo que el 1º de noviembre los capitulares turiasonenses otorgaron su conformidad a la propuesta, anunciando que si no se había rubricado ya era por la ausencia del tesorero Antonio Jimeno, que había tenido un papel angular en los acuerdos y cuya presencia para su legitimación parecía preceptiva.135 El 28 de noviembre el cabildo de la ciudad del Queiles aceptó ante notario las condiciones de la hermandad –doc. n.º 27– y el 22 de diciembre escribió a Zamora informando de ello.136 El feliz acontecimiento suscitó muy pronto el entusiasmo de los turiasonenses. El consejo celebrado en la víspera de la festividad del patrón acusó recibo de la llegada de un memorial por el que una persona devota ofrecía una limosna de 6.000 escudos –es decir, 120.000 sueldos– para formar una renta anual de 300 escudos con la que edificar un templo en honor del patrón. Una vez concluido dicho oratorio, 200 escudos de renta atenderían al sostenimiento de dos capellanes y los 100 restantes sufragarían la dote de dos doncellas huerfanas pobres y virtuosas, para contribuir a su matrimonio o para que entraran en religión –doc. n.º 25–. El regimiento municipal dejó sobre la mesa cualquier decisión sobre este particular pero en la siguiente reunión, del día 10, se acordó aceptar la dádiva no sin Arqueta de plata de la reliquia de San Atilano, particular de la inscripción. Catedral de Tarazona,1644. 94 Vista de la cabecera de la catedral de Tarazona. antes informar de la misma al cabildo –doc. n.º 26–. Por causas que desconocemos la empresa no prosperó y hubo de transcurrir un siglo hasta que principiara la construcción de la ermita del patrón. Antonio Muñoz Serrano, delegado municipal para la consecución de la reliquia de San Atilano, no se contentó con las 800 libras que el consejo le asignó, pues consideraba que sus gastos excedían dicha suma en otras 160 libras.137 La estimación municipal se había hecho sobre la base de las ordinaciones, que preveían una dieta diaria de 20 reales para los síndicos, pero Antonio Muñoz alegaba que su servicio constituía una sindicatura extraordinaria que no debía estimarse al amparo de lo previsto en dicho marco legal.138 A finales de agosto de 1645 el consejo municipal acordó por vez primera conmemorar la traslación de la reliquia de San Atilano, festejo que con el paso de los siglos ha llegado a superar en importancia a la celebración particular del Santo, que el calendario litúrgico sitúa el 5 de octubre. En esta primera oportunidad los munícipes decidieron dedicar a esta jornada las velas –cera– que se acostum- braban a gastar para San Gaudioso –doc. n.º 28–. En 1646 entre sus obligaciones figuraba la preparación de la fiesta: A vuestras mercedes se adbierte que el dia de la traslacion de la reliquia del señor Sant Atilano, que fue el dia de San Agustin, se ha de pedir a los señores del cabildo se haga festibidad y procesion de la santa reliquia, y este año pasado la hicieron por el claustro. Hay sermon, y el prevenir el predicador y pagarlo corre por cuenta de la ciudad, adbirtiendose que se ha de pedir la licencia al cabildo para que de el pulpito.139 En 1650 se acordó solicitar a la Santa Sede breve y buleto para poder rezar de la traslacion de la reliquia de señor Sant Atilano el dia que se celebra, que es el domingo mas proximo a veynte y ocho de agosto –doc. n.º 30–. En 1652 dicha fiesta tuvo lugar en 28 de agosto a pesar de no ser domingo,140 con un formato similar al actual. Para entonces la devoción a San Atilano había pasado a ser un pilar inamovible en el imaginario religioso de los turiasonenses. Buena prueba de ello es que ya en 1644 y 1645 prácticamente uno de cada cinco o seis niños fue bautizado con el nombre del 95 patrón.141 También empezó a ser común el encargo de pinturas que representaban al prelado, como evidencia el testamento de Cristóbal de Alzola, que en 1652 pidió a su mujer, María García, que entregara a la Virgen de los Remedios, que esta en la hermita de señor San Gines, un quadro que tengo de señor San Atilano,142 cuyo aspecto podemos imaginar a partir del lienzo coetáneo conservado en la parroquia de la Magdalena. La llegada de la presea de San Atilano ejerció, por último, una influencia benéfica en el interés del concejo por las reliquias propias de la ciudad,143 incrementadas desde 1630 con un fragmento del sudario que envolvía al patrón en su arqueta relicario de Zamora –doc. n.º 16– y desde 1647 por una cruz pectoral de oro con reliquias del Santo que donó en dicho año Pedro Hernández de Nasarre –doc. n.º 29–. Esta cruz, actualmente en paradero desconocido,144 formaba parte del ornato del busto relicario de plata cuando éste se procesionaba. De la catedral a su propio templo (1653-1744) Como acabamos de comprobar, la ciudad realizó un gran esfuerzo para conseguir la reliquia de su preclaro hijo. Sin embargo, casi diez años después de su logro todavía no la había alojado en un lugar acorde con su categoría. El 5 de mayo de 1653 el consejo conoce la voluntad de un devoto anónimo de San Atilano de dorar su peana, generosidad que recuerda a los munícipes la necesidad de procurar una mayor veneración al santo, que no cuenta con capilla propia y puesto para colocar la reliquia con decencia y seguridad. Por ello, se propone la adquisición de la capilla de los Cardenales de la catedral situada en la girola, la segunda del lado del Evangelio, dedicada a San Prudencio, San Lorenzo y Santa Catalina, en la que se encuentran los sepulcros del obispo Pedro Pérez Calvillo y su hermano, el cardenal Fernando Pérez Calvillo, y en ella fundar una cofradia so la invocacion del santo. Ante la falta de peculio municipal, se plantea pedir limosna a los devotos para poder 96 acometerla sin ocasionar ningún gasto a la ciudad. Como primera contribución, Gregorio Corella ofrece una reja muy buena para el envellecimiento y luz de la capilla –doc. n.º 31–. No obstante esta determinación, la alternativa de la capilla de los Pérez Calvillo fue desechada en favor de la compra del espacio dedicado a la Santísima Resurrección, un amplio recinto edificado por el obispo Guillén Ramón de Moncada (1496-1521) en el ángulo suroriental del claustro. Así, el 1 de julio de 1653 los carpinteros y ensambladores turiasonenses Jerónimo Lozano de Morales,145 su sobrino Jusepe Balduz146 y Juan Pérez de Huesca o Duesca147 capitulan con el justicia y los jurados la realización de un retablo para colocar la reliquia en ese ámbito. El documento –doc. n.º 32– incorpora unas detalladas condiciones redactadas por Jerónimo Lozano de su puño y letra. Asimismo, en origen debía contener una traza diseñada también por Lozano que hoy no se conserva. Las cláusulas expresan que el retablo tenía que confeccionarse en madera de pino limpia de nudos y tea, seca y bien curada porque se pueda dorar luego y en ningun tiempo aga bicio. La mazonería, que ocuparía todo el testero de la capilla, constaría de banco, cuerpo de tres calles flanqueadas por columnas de orden corintio y fuste entorchado de 20 palmos de altura –3,60 m. aproximadamente– con traspilastras y ático. La calle central del cuerpo debía albergar un gran marco agallonado rodeado por una terma a cada lado. Las calles laterales acogerían igualmente sendos marcos agallonados y debajo dos tarjetas en cuyo interior se tallaría el milagro del pez y el anillo que caracteriza la iconografía de San Atilano. Sobre los marcos campearían dos tarjetas con las armas de la ciudad. Además, debían elaborar una caja, perfectamente diseñada en la traza, para colocar en su interior una urna con una puertecica con su cajon para poner la reliquia del santo. Los soportes del cuerpo sustentarían un entablamento con el friso decorado con modillones con sus ojas, serafines y cogollos; dentellones, obalos con sus saetillas y cartelas en la corona con las ojas arpeadas recorrerían la cornisa. Vista de la capilla de la Santísima Resurrección de la catedral con la inscripción, 1653. El ático estaría formado por dos columnas compositas entorchadas con sus traspilastras como las del cuerpo. Entre las columnas se alojaría un marco acompañado de otras dos termas. Flanqueando las columnas se debían de hacer unos arbotantes o bichas y dos muchachos que estan asiendo de los festones uno en cada lado. Las columnas del ático sustenta- rían un entablamento que soportaría un frontón con su cartela en medio y en los roleones 97 sus florones y en los tempanos sus agallones y treglifos. A ambos lados del frontón se asen- tarían dos niños, uno a cada lado, y en el interior de la cartela los artífices incluirían un escudo con las armas del cabildo, de modo que le an de asir los dos niños y tener con las manos. De nuevo, dos termas flanquearían esta parte del retablo. Jerónimo Lozano, Jusepe Balduz y Juan Pérez Duesca afrontarían el encargo a la tercera parte de la obra a cambio de 850 escudos, equivalentes a 17.000 sueldos jaqueses. Antonio Muñoz Serrano, caballero de Santiago y antiguo síndico concejil para la traída de la reliquia de San Atilano, el infanzón Diego Pablo de Casanate Blasco, Pedro Gil y Diego Santa Cruz actuaron como testigos del acto. Sorprende sobremanera que la capitulación no determine ni los plazos del pago –sólo indica el adelanto de 100 escudos para adquirir la madera y de otros tantos para comenzar el trabajo– ni la fecha límite para entregar el retablo. Con todo, el arreglo y preparación de la capilla de la Santísima Resurrección para alojar la nueva máquina de San Atilano se firmó a la mañana siguiente con los albañiles turiasonenses Francisco Quiros y Pedro de Alzola –doc. n.º 33–. El texto documental, muy breve y rubricado por Quiros, estipula lo que se a de açer en la capilla de señor San Atilano: en primer lugar, blanquearla con yeso, levantar un rodapié de dos varas de altura, agrandar la embocadura de acceso para instalar la reja –probablemente la regalada por Gregorio Corella en mayo– y realizar una escalera de madera, todo por 38 escudos. La reforma debía estar concluida para la festividad de la Asunción de la Virgen de ese mismo año. A este momento debe obedecer el aspecto actual de la dependencia, así como la inscripción que recorre el friso del entablamento en la que puede leerse en letras capitales EN ESTA CAPILLA SE TRASLADO LA S[ANTA] RELIQUIA DE S[AN] ATILANO A 28 DE AGOSTO DE 1653 DIERONLA EN ZAMORA AÑO 16[44]. Se trata de un gran recinto de planta rectangular al que se ingresa por un arco de medio punto sobre pilastras cubierto por bóveda de crucería estrellada que descansa 98 Vista actual del templo de San Atilano, 1744-1797. sobre ménsulas y que fue construido, como ya avanzamos, bajo el episcopado de Guillén Ramón de Moncada. Al parecer esta capilla ha contado desde su fundación con varias advocaciones que no han sido definidas con claridad.148 Sabemos que el 8 de agosto de 1614 el gremio de labradores quiso fundar una hermandad en honor de San Lamberto en la catedral.149 De hecho, el 17 de junio siguiente el cabildo determinó que por razon de su cofradria puedan celebrar su fiesta con una salve en la vispra de San Lamberto y con missa cantada el dia con que no concurran con el oficio divino.150 Un año después, el 16 de junio de 1616, autorizó la confección de un altar bien adornado en el claustro donde el domingo puedan hazer su fiesta los cofradres de San Lamberto.151 Finalmente, el 12 de agosto les permitió que colocaran lapida en el altar que se erigio de Sant Lamberto en el claustro y en el se diga missa haziendose de todo acto por quanto no es neçessario pedir por ella licencia al señor obispo.152 El altar se situó entre las capillas de la Resurrección y del chantre Magaña, lo que evidencia que los labradores no contaban con un verdadero espacio litúrgico, sino con un pequeño ámbito adosado a la pared entre dos capillas. Así transcurrió el tiempo hasta que en 1641 la congregación decidió levantar una verdadera capilla en honor de su patrón. El cabildo le ofreció el mismo emplazamiento que ya ocupaba, pero, contrariamente a lo que parecería obvio, la fábrica no fue construida en profundidad sino hacia adelante, en la propia panda del claustro, por lo que no sería de muy grandes dimensiones.153 No obstante, sabemos que contaría con su propia sacristía, tal y como se desprende del testamento de Blas de San Juan, en el que dona un quadro que tengo de San Lamberto [para que] se de a la confradia de dicho santo que esta fundada en el Aseo [sic], para que este perpetuamente en la sacristia de la capilla de dicho Santo.154 Fray Gregorio de Argaiz hace una breve descripción de las capillas del claustro catedralicio que existían en tiempos del obispo Diego Escolano (1660-1664), promotor de su obra, si bien su publicación se retrasó hasta 1675.155 Expresa que, a continuación del espacio dedicado a la Exaltación de la Cruz erigido por el chantre Pedro de Magaña, se ubicaba la tercera, que es muy curiosa ella, y el Retablo, está dedicada a San Lamberto Labrador, y Martin [sic] de Zaragoza. Hanla edificado los labradores. La siguiente capilla, la quarta, es de Nuestra Señora del Recuerdo, Imagen de mucha devocion, y bien adornada. No tiene patron particular porque todos la tienen por patrona.156 Sorprende que Argaiz no aluda a la instalación de la reliquia de San Atilano en la capilla de la Resurrección, lo que nos sugiere que el retablo trazado por Jerónimo Lozano no se llegó a realizar y que para entonces tampoco el vestigio santo debía encontrarse en ella. Sin embargo, mientras tanto la fiesta de la traslación de su reliquia seguía afianzándose. Así, en el consejo de 26 de agosto de 1653, en el quinto cabo del orden del día, se solicita que se resuelva qué fiestas se han de hazer, si se hara lo que se ha acostumbrado. El consejo respondió que se solemnize la fiesta como es cos- tumbre.157 A esto debemos de añadir que la ciudad se preparó, además, para la conmemoración de San Atilano, el 5 de octubre. Sabemos que con ese motivo el cabildo de la catedral sacaba en procesión la reliquia del santo, estando las calles entapizadas como el dia del Corpus. Ocho días más tarde, tras celebrar un oficio solemne en el altar mayor de la Seo con asistencia de todo el cabildo y sermon de las alabanzas de dicho glorioso santo predicado por el guardián del convento de los capuchinos, el arcediano de Calatayud Francisco Antonio de Hecharri y Guandía dio a adorar la reliquia al pueblo. Tras la homilía, en la que también intervino el padre Salva de la Compañía de Jesús, se llevó en procesión la reliquia al espacio que nuebamente se ha erigido para veneracion de dicho santo en el claustro. Allí, en el nicho que a buen seguro debieron practicar en el muro Quiros y Alzola, dentro de un arca de plata con dos cerraduras que todavía hoy sigue en uso,158 se alojó el vestigio tras la reja que para su custodia hay en el altar. Esta arqueta se introdujo en una segunda arca aforrada de terçiopelo carmesi con galones de oro y clavazon dorada con otras dos cerraduras –doc. n.º 34–. Las dos arquetas mencionadas fueron las traídas de Zamora junto con la reliquia de 1644. El hecho de que esta fuente documental no cite el retablo trazado por Jerónimo Lozano confirma que, en efecto, no se ejecutó. Con todo, la devoción al santo seguía tomando arraigo159 entre los turiasonenses. A los pocos días fallecería Juana Antonia Felices, esposa del notario y familiar del Santo Oficio Prudencio Ruiz de Pereda, procediéndose a la apertura de su última voluntad. Tras disponer su sepelio en su capilla de San Bernardino del convento de San Francisco, la testadora recuerda la reciente erección de una cofradía en honor de San Atilano en la catedral, para la que si llegare en algun tiempo a tener sacristia con jocalias para el culto divino, se prestaría el cáliz que dona a la Seo para las misas que se han de celebrar en la capilla de Sant Atilano.160 En noviembre de ese mismo año el consejo se hace eco de que un devoto ofreció de 99 nuevo limosna para dorar la peana del santo con la condición de que se reintegrasen las partes que le faltaban ya que no se podia dorar sin repararla. El cabo informa de que se restauró con el menor gasto que se pudo, pero que no esta concertado.161 Dos años más tarde el lugar de su custodia necesitaba reparación, pues el nicho donde esta la peaina del señor San Atilano se lluebe y es preciso apañal [sic] el texado.162 Éste es, sin duda, el nicho que llevó a cabo Juan Duesca en 1634 en el claustro de la catedral –doc. n.º 19–. Anualmente, la documentación refleja la celebración de las fiestas en honor al santo patrón, ya sea cuando se aproxima agosto ya al llegar octubre, para disponer su organización y, sobre todo, de qué partida extraer el dinero necesario para llevarlas a cabo. Así, el 19 de septiembre de 1655, cuando la festividad de San Atilano biene cerca y se han de hacer las fiestas que se acostumbran, pero el señor mayordomo no tiene dineros, los muníci- pes resuelven que se repita lo mismo que otros años y que para la merienda de los señores justicia y jurados se gasten cien reales y se pague todo de los bienes de la ciudad.163 Las dudas que aún pudieran suscitarse en torno a si se llegó o no a realizar el retablo analizado más arriba para la capilla de la Resurrección quedan disipadas a la luz del punto segundo del consejo de 4 de junio de 1656. En él se acuerda delegar en Agustín de Aguilar y en el capitán José García de la Torre las negociaciones con el cabildo catedralicio para encomendarle la custodia de la reliquia del Santo debido a que su actual ubicación en la capilla de la Resurrección se encontraba con poca decencia y son pocas también las esperanças de mejorar –docs. núms. 35 y 36–. Desconocemos realmente qué pudo ocurrir. De todas maneras, pese a la falta de dignidad en la que se encontraba la reliquia que tantas gestiones había costado a la ciudad, las celebraciones en honor del Santo seguían preparándose año tras año. Por ejemplo, el 31 de julio de 1656 el justicia propone al consejo que para la traslación del vestigio del turiasonense decida qué tipo de festejos se han de 100 organizar. El consejo resolvió que se corran los toros que los arrendadores de la carniceria tienen obligacion de dar segun la capitulacion con que arrendaron, y que se hagan las demas fiestas que se acostumbran, que gasten 240 sueldos para la merienda del dia de los toros y que puedan dar a los corredores cinco reales de a ocho.164 La documentación nos obliga a dar un gran salto en el tiempo para llegar al 10 de octubre de 1667 día en el que, a ruego de los ediles turiasonenses, el cabildo acepta extraer un fragmento de la canilla de San Atilano para colocarlo en un viril para que pueda ser venerada por los fieles y enfermos en las festividades del Santo, con lo que se evitarán los inconvenientes que presenta el ofrecer en adoración el hueso completo –doc. n.º 37–. No debemos de olvidar que, aunque la reliquia pertenecía al consistorio, éste dejó su custodia en manos del cabildo, como sigue en la actualidad. Con todo, cada año, en el acto de entrega de las llaves y del sello al nuevo justicia de la ciudad, se le traspasa una llave de donde esta depositada la reliquia de señor San Atilano.165 Las fuentes vuelven a guardar silencio166 hasta 1680. En el consejo convocado el 14 de enero, en el punto noveno del orden del día, se manifiesta que el doctor Miguel Ximénez de Novallas, muy devoto del patrón de la ciudad, ofrecía el retablo que ha resultado de la Virgen del Rio para colocarlo en la capilla de San Atilano, lo que los munícipes aceptaron y agradecieron –doc. n.º 38–. La ermita de la Virgen del Río fue construida con motivo de la localización casual de una cabecita femenina de piedra coronada en los arenales del río Queiles durante la urbanización del paseo paralelo al mismo, entre el puente de la Seo y el humilladero de San Juan, a la altura del Palacio Episcopal el 7 de noviembre de 1667. Ante la imposibilidad de levantar el templo en el lugar exacto del hallazgo, se eligió un solar en la margen derecha del río, justo enfrente, al final del Prado de la ciudad, escenario de encuentro y celebración de festejos. Una vez concluida la fábrica, los escultores bilbilitanos Bernardo y Juan Ibáñez, padre e hijo, recibieron el encargo de ejecutar el retablo mayor en septiembre de 1675, que estaba ultimado a finales de noviembre de 1679, con un año de retraso sobre lo pactado. El mueble antiguo quedó en ese momento sin uso y, además, no era cosa decente para collocarle esta ciudad en su Santa Yglesia cathedral. A pesar de todo, y como ya hemos apuntado, la máquina fue adquirida por el doctor Ximénez de Novallas con el propósito de acomodarla en la capilla de San Atilano de la Seo.167 Estos hechos corroboran que el retablo trazado por Lozano de Morales en 1653 no se concluyó.168 Desconocemos si realmente el mueble procedente de la Virgen del Río se llegó a instalar en la catedral, pues este espacio pasaría a albergar de manera estable desde el año 1700 el monumento de Semana Santa,169 lo que evidencia de nuevo que la presencia del patrón en la Seo era casi anecdótica. Por su parte, la ciudad había gastado todo su presupuesto en levantar un templo con motivo de la invención de la cabecita de la Virgen en el río y poco podía hacer por San Atilano, salvo conmemorarlo con actos lúdicos como espectáculos taurinos, hogueras y danzas. Por el contrario, la devoción popular al Santo no deja de presentar muestras, aunque escasas a finales del siglo XVII, de su vigencia y fervor en todos los estratos sociales. Así, el 1 de octubre de 1681 las religiosas del convento de la Concepción de Nuestra Señora se obligan a celebrar anual y perpetuamente la festividad de San Atilano manifestando nuestra gratitud a tal beneficio, comulgar la comunidad a la intencion de su Ilustrisima,170 el obispo Diego Antonio Francés de Urrutigoyti (1673-1682). Ya en el siglo XVIII, Atilano Calabia, maestro puñalero turiasonense, encontrándose enfermo, dicta sus últimas voluntades y concede de gracia especial a su sobrino Diego Calabia un quadro del señor San Atilano.171 Parece que fue frecuente que los vecinos bautizados con el nombre del santo patrón tuvieran en propiedad pinturas con su efigie o que promovieran su piedad, pues también sabemos que Josefa Tudela, esposa de Atilano Navarro, cedió en su testamento para adorno de la capilla de nuestro patron San Atilano un quadro que tengo de la Virgen de la Huerta.172 Escultura de la Virgen del Río, h. 1668. Este último dato nos ayuda a ratificar, además, que el Santo seguía estando presente en la capilla del claustro de la catedral bajo la advocación de la Santísima Resurrección. Esta situación continuó así hasta 1744, cien años después de la traslación del vestigio desde Zamora, año en el que, a instancias del consistorio, se comenzó a edificar su propio templo, a cuyo estudio y avatares constructivos dedicamos un capítulo aparte. Festejos civiles en honor de San Atilano Como ya hemos advertido, desde el 7 de septiembre de 1618, día en el que el consejo declara que la fiesta de señor San Atilano esta botada y que resuelve que la corrida de toros que habitualmente tenía lugar en la feria de septiembre se retrasase al día del patrón, el 5 de octubre –doc. n.º 6–, la mayoría de las noticias que recogen los cuadernos de secretaría 101 municipal se refieren a la organización de este tipo de eventos, así como a su financiación. La fiesta, marcada por el calendario religioso, comprendía múltiples manifestaciones entre las que destacaban misas solemnes y procesiones generales, hogueras y luminarias, bailes y danzas, representaciones teatrales, etc., dispersas por distintos espacios urbanos y con punto de referencia obligado en la Plaza Mayor, actual de España. Sin embargo, poco a poco, el regocijo general se fue asociando sobre todo con los espectáculos taurinos. Sabemos que desde los años finales del siglo XVI la ciudad disponía de varias reses, aunque su suministro acabó siendo asignado al arrendatario de las carnicerías ya que las arcas públicas asumían el acondicionamiento de la plaza para las corridas.173 De esta manera y a partir de 1644, año de la consecución de la reliquia de San Atilano, la ciudad patrocinaba dos festejos en honor del patrón muy seguidos en el tiempo: el de octubre, al que ya nos hemos referido, y el del 28 de agosto, día de la traslación del vestigio desde el sagrario de la iglesia parroquial de San Miguel a la Seo turiasonense. Las actas de secretaría anuncian cada ejercicio la inminente llegada de estas fiestas y la necesidad de planificarlas convenientemente, aunque sólo citaremos las noticias que aporten alguna novedad o dato de interés sobre ellas. Así, como apuntamos más arriba, el 31 de julio de 1656 ante la propuesta del justicia sobre los regocijos para amenizar la conmemoración de agosto, el consejo resolvió que ogueras y merienda acostumbradas y varas arrogadiças.176 Con toda seguridad, las varas arrogadiças hacen alusión a los juegos de cañas, festejo derivado de los torneos medievales que consistía en un combate entre cuadrillas de jinetes que se lanzaban cañas fuertes de madera y se defendían con escudos.177 A finales de septiembre, para recordar la festividad del santo se vota que se lleven a cabo los espectáculos habituales y las hogueras, y se admite la oferta que ha hecho al señor capitan Garcia, jurado preheminente, don Joseph Colao que, por servir a la ciudad, dara una corrida de toros para festexar al gloriosisimo San Atilano comprando tres toros para que con los demas que tiene se corra la corrida y esto con lo que la ciudad le de para ayuda a los gastos de la corrida que ofrece seyscientos sueldos jaqueses y que se pongan los blandones con bea como es costumbre.178 Ocho años más tarde encontramos una novedad en las fiestas realizadas en obsequio y festexo de dicho glorioso santo, pues se decide que no se mate ningún toro y que no se pague a corredores sino tan solamente hasta ocho reales de a ocho.179 Cambio motivado, sin lugar a dudas, por la especial carestía de esos años unida al gasto de la construcción y dotación del templo de la Virgen del Río. En 1677, con ocasión de la conmemoración de la reliquia, el consejo determina que se corran dos toros con cuerda y se hagan las ogueras acostumbradas la visp[e]ra de su fiesta, y para el dia de la fiesta se tenga un baile para regozixo y festexo de la fiesta y las demas fiestas espirituales que es costumbre.180 La celebración duraba al se hagan las fiestas ordinarias de ogueras y danzas y que se de a los arrendadores por la corrida de toros mil sueldos jaqueses.175 menos dos días y esta vez la diversión principal serían los toros con cuerda o, más propiamente, los toros de soga o maroma que consistían en controlar a cada res mediante una o dos cuerdas sujetas a su cabeza; los arrendadores de las carnicerías proporcionaban el personal para el manejo de las cuerdas. El toro quedaba agotado por el movimiento al que se le sometía y era sustituido por otro. Este tipo de espectáculo tenía la ventaja de ser más económico pues no precisaba del cerramiento de la plaza. No obstante, en alguna ocasión el animal se lograba soltar de la soga Al año siguiente, en la preparación de la fiesta de la traslación deciden que se agan las Retablo mayor de la ermita de la Virgen del Río, 1675-1680. se corran los toros que los arrendadores de la carniceria tienen obligacion da dar segun la capitulacion con que arrendaron, y que se hagan las demas fiestas que se acostumbran, que gasten 240 sueldos para la merienda del dia de los toros y que paguen a los corredores cinco reales de a ocho.174 Esta cuestión se plantea también en la reunión de 28 de septiembre de 1659, en la que se determina que para la festividad del 5 de octubre se corra una corrida de toros y 102 Vista de la ermita de la Virgen del Río y de la Plaza de Toros Vieja, mediados del siglo XX. con lo que era perseguido por las calles de la ciudad hasta volver a reducirlo.181 Ya en julio de 1680 los munícipes determinan organizar la corrida de toros habitual sufragada por el arrendador de las carnicerías y que los tres toros que la ciudad elige y compra los adquiera Juan de Rada de Lamana.182 Dos años después, decidieron consultar con el presidente del cabildo catedralicio si haciendo embajada la ciudad pidiendo la procesion de la santa reliquia de señor San Atilano si la admitiran sin licitacion alguna y en particular el que concurra en dicha procesion el convento de carmelitas descalços de dicha ciudad.183 Con este hecho comproba- 104 mos que los ediles precisaron innovar el protocolo para incorporar en el desfile solemne por las calles a los frailes descalzos, gesto que zanjaba los enfrentamientos suscitados por el anhelo de los religiosos a establecer su casa en la capital del Queiles a pesar de la negativa del rey Felipe IV y de varios estratos de la sociedad turiasonense. Su convento, dedicado a Santa Teresa de Jesús, fue fundado en 1680 aunque su presencia en Tarazona remonte al hospicio que poseían desde mucho antes junto al cenobio de San Ana, de la misma Orden, construido a instancias del obispo fray Diego de Yepes entre 1601 y 1603.184 En agosto de 1683 se debían correr y matar seis toros;185 un baile, hogueras y las demas del culto divino acostumbradas otros años en semajante dia se llevarán a cabo en 1685.186 Los mismos actos más luminarias amenizarían la festividad de la traslación de la reliquia en 1686.187 En 1688, por esqusar gastos a la ciudad y a vuestras mercedes la molestia de conqurrir a otro consexo, adelantan la decisión de qué fiestas conmemorativas debían organizar en honor del santo al 14 de junio, para acabar resolviendo que fueran idénticas a las del ejercicio anterior.188 El 15 de mayo de 1689, el rey Carlos II hace público su compromiso con la princesa María Ana de Neoburgo. El 28 de julio firman las capitulaciones matrimoniales en Viena y el 28 de agosto se oficiaría en Dusseldorf la boda por poderes, representando al monarca el marqués de Este, su embajador en la capital austriaca. Ante estas noticias y por la proximidad de la fiesta de San Atilano, ya el 7 de agosto el justicia plantea qué eventos se pueden realizar, pues son causa para preparacion de algunas demostraciones del festejo, y el consejo decide que se efectúen luminarias, og[u]eras, procesion y una bayla o danza.189 Debemos dar un gran salto en el tiempo para llegar a la siguiente noticia remarcable sobre los festejos entorno al patrón de Tarazona. Así, el 20 de agosto de 1751, el ayuntamiento resuelve que se manifieste su opinión al cabildo ante la novedad que se experimento el año antecedente de que cuatro monaguillos trasladaran en andas la reliquia de San Atilano contra la costumbre de llebarle desde que se trajo quatro sacerdotes en que se esperase continue.190 En mayo de 1767 los munícipes acordaron que se debía consultar con el presidente del consejo de Castilla para que se permita la celebración de una corrida de toros para el día de la traslación de la reliquia.191 En agosto de 1779 volvieron a llevar a cabo toros de maroma, quedando comisionado el señor Cimbor tanto para corrales como para el numero, y que no salgan de la Plaza Mayor.192 Finalmente, el 11 de agosto de 1781 los albañiles turiasonenses Tiburcio y Prudencio Serrano envían un memorial al ayuntamiento para solicitar la realización de dos novilladas en honor de San Atilano y clausurar la plaza convenientemente para ello. Asimismo, piden que cada persona pague un real de vellon por la tarde y quatro dineros por la mañana de cuyo producto daremos trenta escudos de cada novillada para los fines y usos en que vuestra señoria guste invertirlos. El consistorio admitió la propuesta con la condición de que si los novillos que franquehe la ciudad reciviesen algun daño devan satisfazerlo al arrendador del abasto y que la plaza se cierre a satisfaccion y con la decencia correspondiente… y sea de su quenta el hazer llevar arena a la plaza y empedrar los oyos que se hicieren y bolver la madera dentro de dos dias concluida la ultima funcion a sus dueños. La primera novi- llada debía celebrarse el 29 de agosto y la segunda el 10 de septiembre. Con todo, el regidor Asensio toma la palabra para recordar que habían sucedido algunas desgracias en dichas funciones por lo que, personalmente, pedía que no se llevaran a cabo.193 A finales del siglo XVIII prosperó un proyecto impulsado por un grupo de particulares para construir en el Prado de la ciudad, junto a la ermita de la Virgen del Río, un conjunto de viviendas alrededor de un espacio octogonal que sería utilizado como coso taurino. Fruto de este esfuerzo, entre 1790 y 1792 se edificaría la conocida como Plaza de Toros Vieja, que a partir de ese momento acogería todos los festejos del año, incluidos los dedicados al patrón de la ciudad, hasta que en 1870 se levantara fuera del casco urbano la actual.194 Gracias a este breve recorrido nos percatamos de que las fiestas en honor de San Atilano se van afianzando progresivamente a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII y en la centuria siguiente, para llegar a nuestros días rememorando la traslación de la reliquia cada 28 de agosto con la procesión del brazo relicario y todos los 5 de octubre, como festividad municipal, conmemorando su fallecimiento en la ciudad de Zamora. 105 1.- LOBERA, FRAY A. DE, 1596, Tercera Parte, capítulos XI a XXII, ff. 377-422 v. 2.- Sobre este particular, véanse las apreciaciones apuntadas por OSTEN SACKEN, C. VON DER, 1984, pp. 27-29; y MARTÍNEZ-BURGOS GARCÍA, P., 1990, pp. 154-159. 3.- GÓMEZ ZORRAQUINO, J. I., 2007. 4.- Que reúne las noticias relativas a la recepción de la reliquia del brazo del santo patrono en 1644 (SANZ ARTIBUCILLA, J. M.ª, vol. II, 1930, doc. XLVIII, pp. 516-520). 5.- VALLEJO ZAMORA, J., 1985, doc. I, p. 276. 6.- Archivo Histórico de Protocolos de Tarazona [A.H.P.T.], Alonso Gutiérrez de Viña, 1617, ff. 107-113 v., (Tarazona, 27-II1617); Archivo Municipal de Tarazona [A.M.T.], I.10.2-1, Libro de derechos y privilegios, folio inicial. 7.- El primero, del que no se precisan fechas extremas, contenía 282 folios mientras que el segundo, que principiaba en 1630, incluía 398 folios. Véase A.M.T., Libro de actas municipales n.º 12 (17621763), s. f., (Tarazona, 2-VIII-1739). 8.- A.M.T., Libro de actas municipales n.º 18 (1773-1776), f. 274 v., (Tarazona, 27-III-1776). 9.- A.M.T., Libro de actas municipales n.º 10 (1750-1752), s. f., (Tarazona, 21-VII-1752). Los documentos reunidos para su remisión a Roma figuran en Archivo Diocesano de Tarazona [A.D.T.], Caja 652, nº 4, Informacion de testigos y compulsas a instancias del muy ilustre cabildo de la Santa Iglesia Cathedral de esta ciudad sobre que el señor San Atilano es hijo y patrono de la misma ciudad. Tarazona, 1752, s. f. 10.- SERRANO MARTÍN, E., 2000, pp. 53-54; CRIADO MAINAR, J., 2004, pp. 15-38. 11.- MARTÍNEZ DEL VILLAR, M., 1980, pp. 472-473; ARGAIZ, FRAY G. DE, 1675 (I), pp. 119-120. 12.- La entrada de la puerta tenia un arco trimphal de pintura de blanco y negro con figuras de Sant Prudencio, obispo desta ciudad, y un Hercules, y otras, cada figura con sus versos abaxo en latin (COCK, E., 1879, p. 74). 13.- LEYENDA DE LOS SANTOS, 1520, ff. 202-203 v. Deseamos expresar nuestra gratitud al doctor José Aragüés Aldaz, Profesor Titular del Departamento de Filología Española de la Universidad de Zaragoza, por facilitarnos esta noticia fundamental y también por orientarnos en el prolijo campo de la literatura hagiográfica del Renacimiento. 14.- VILLEGAS, A. DE, 1585, f. 413. 15.- En particular, LOBERA, FRAY A. DE, 1596, Tercera Parte, cap. XI, ff. 377-377 v. 16.- Archivo Parroquial de San Andrés de Tarazona [A.P.S.A.T.], Libro III de Bautismos (1575-1599), f. 220 v., (Tarazona, 22-III1598). 17.- Ibidem, f. 222 v., (Tarazona, 27-V-1598). 18.- Ibidem, f. 222 v., (Tarazona, 4-VI-1598). 19.- Ibidem, f. 225, (Tarazona, 15-X-1598). 20.- Ibidem, f. 236, (Tarazona, 8-XII-1599). 21.- A.P.S.A.T., Libro IV de Bautismos (1600-1622), f. 3, (Tarazona, 26-II-1600). 22.- A la sazón, la aragonesa María de Urrea, hija de los III condes de Aranda. Estaba casada con Enrique de Guzmán, V conde de Alba de Liste. Véase LÓPEZ DE HARO, A., 1996, vol. I, p. 345. 23.- Que había tomado posesión de esta importantísima dignidad capitular el 3-VI-1594. Véase Archivo de la Catedral de Tarazona [A.C.T.], Caja n.º 680, Libro II capitular (1530-1603), ff. 324 v.-325. 24.- Que fue extracto secretario el 26-IV-1598 (A.H.P.T., Juan Sánchez, 1597 con secretaría de 1597-1598, ff. 179-183). Las deliberaciones del consejo del ejercicio 1597-1598 no contienen referencias a San Atilano. 25.- URZAY BARRIOS, J. Á., SANGÜESA GARCÉS, A. e IBARRA CASTELLANO, I., 2001, p. 188. 26.- El cabildo de Tarazona, con la destacada participación de Diego Ram de Montoro, apeló al rey que dictaminó en contra de los intereses bilbilitanos (ARGAIZ, FRAY G. DE, 1675 (I), pp. 461-462). A partir de entonces la catedral decidió celebrar de manera especial la festividad de San Gaudioso, patrón del obispado, al considerar como un buen augurio que la decisión regia se hubiera formalizado ese día (A.H.P.T., Juan Francisco Pérez, 1630-1631, ff. 491-492 v.) (Tarazona, 19-XI-1631). 27.- LORENZO DE LA MATA, F. J. y SÁNCHEZ MOLLEDO, F. J., 2000, pp. 7-10; también URZAY BARRIOS, J. Á., SANGÜESA GARCÉS, A. e IBARRA CASTELLANO, I., 2001, pp. 318-323. 28.- DAMETO, J. B., 2000. 106 29.- CRIADO MAINAR, J., 2008, pp. 218-221. Falta, no obstante, un estudio en profundidad que atienda a las diferentes facetas de esta cuestión. 30.- Ibidem, p. 161, fig. n.º 92. 31.- CRIADO MAINAR, J., 2006 (I), pp. 111-120, y fig. n.º 11 en la p. 44. Es importante advertir que el señorío del lugar correspondía a la mitra turiasonense y el mantenimiento de la parroquia estaba a cargo del cabildo de la Seo. 32.- Así se constata por la documentación que conservaba en su archivo sobre las aspiraciones tanto de Calatayud como de Tudela (A.M.T., I.10.2-1, Libro de derechos y privilegios de la ciudad de Tarazona, ff. 93, 94 y 108). 33.- Los datos sobre su carrera eclesiástica hasta tomar posesión de la sede de Barbastro en MANRIQUE ARA, M.ª E., 2002, pp. 7279. 34.- DURÁN GUDIOL, A., 1994, pp. 38-43. 35.- Se conserva copia manuscrita en A.M.T., I.10.1-1, Ordinaciones de la ciudad de Tarazona de 1594. 36.- Hombre de gran altura, que ejerció notables responsabilidades en la Universidad de Huesca –de la que llegó a ser rector– y, desde luego, eclesiásticas tanto en Tarazona como en el Santo Oficio –en Granada y más tarde, ya como inquisidor, en Perú–. Véase LAHOZ FINESTRES, J. M.ª, 2000, p. 172. 37.- A.H.P.T., Juan Pobar, secretaría de 1596-1597, s. f., sin data pero hacia 11-III-1597. 38.- Primo que los señores del cavildo de la dicha ciudad nos han hecho una envajada dando razon de una carta que han rescivido de Joan de Casanate, cuya copia veran vuestras mercedes, en la qual se dize se tiene por cierto que por el Consejo de Camara se a determinado Su Magestad se haga cathedral la yglesia de Tudela, y que se a despachado ya a Roma. La ciudad acordó encargar al justicia y a los jurados la tarea de respaldar al cabildo en las acciones precisas para abortar este intento (A.H.P.T., Juan Sánchez, 1597 con secretaría de 1597-1598, ff. 118-120 v.) (Tarazona, 7-XII-1597). 39.- Tal y como refiere ARGAIZ, FRAY G. DE, 1675 (I), pp. 430 y 512-516. 40.- A.H.P.T., Diego de San Martín, 1601, ff. 357-358 v., (Tarazona, 9-X-1601). El 25-I-1599 Isabel de Insausti, viuda del músico Antonio Blavi, había vendido a Melchor Cunchillos dicha capilla, que por entonces estaba dedicada a Nuestra Señora de las Nieves (A.H.P.T., Juan Sánchez, 1599, ff. 88-89 v.). El nuevo propietario acogió en ella a los cofrades de San Roque (ibidem, ff. 472 v.-475) (Tarazona, 20VI-1599). Otras noticias complementarias sobre este espacio en GÓMEZ URDÁÑEZ, C., 2009, pp. 129-132. 41.- Consta que aún no se había hecho el 19-IX-1593 (A.D.T., Caja 956, n.º 11, Visita pastoral a la parroquia de Santa María Magdalena de Los Fayos por el obispo Pedro Cerbuna). La primera noticia que lo describe sucintamente data del 8-XI-1600 (A.D.T., Caja 957, n.º 8, Visita pastoral a la parroquia de Santa María Magdalena de Los Fayos por Juan Izquierdo Aznar, visitador general por el obispo fray Diego de Yepes). En marzo de 1601 la mazonería del retablo del Rosario de Los Fayos fue propuesta como modelo para la realización de la arquitectura lígnea de otra pieza de similares características. Véase CRIADO MAINAR, J., 2006 (I), p. 113, y nota n.º 32, p. 122. 42.- LABAÑA, J. B., 2006, pp. 144-145. En realidad, fray Atanasio de Lobera sitúa la muerte de San Atilano en 1009. De otra parte, la tradición más extendida hace a San Millán oriundo de Berdejo, localidad vecina de Torrelapa, donde se custodian sus restos (MARTÍNEZ DEL VILLAR, M., 1980, pp. 467-473). 43.- CRIADO MAINAR, J., 2006 (II), p. 425. Con bibliografía anterior. Las esculturas de San Prudencio y San Gaudioso presiden las calles laterales en el último piso del cuerpo. 44.- 1. Et primo que haviendo Dios Nuestro Señor hecho merced de preservar ha esta ciudad hasta aora de la peste y estando en otras muchas ciudades y lugares en un dia paresçe que esta ciudad esta obligada ha reconoscer esta merced y hazer algun sacrificio por ella, y para esto se judica todo el pueblo a que se vote la fiesta de el [dia] de Sant Roque para guardarla de aqui adelante. Que vuestra mercedes se sirvan que esto se ago y se pase a conzello. [1] Fueron de voto y parescer quanto al primer cavo que se celebre la fiesta del glorioso San Roque y se haga en razon en el concello, y fuera del, lo que convenga, remitiendo en todo su buena execucion a dichos señores justicia y jurados (A.H.P.T., Juan Sánchez, 1600 con cuaderno de secretaría de 1599-1600, s. f.) (Tarazona, 14-VIII-1599). Hay copia del voto, celebrado a 14-VIII-1599. 45.- [4] Item la devocion que esta ciudad tiene a la hermita de señora Sancta Anna es muy grande y tiene experiencia la merced que Dios Nuestro Señor por medio e intercesion suya a hecho y haze a esta ciudad en dar agua siempre que se a ydo a ella, y parece cosa muy justa que esta ciudad la bote y guarde. Que vuestras mercedes sean servidos mandar se haga y se hable con el señor obispo y cavildo para ello. [4] Item quanto al quarto cavo fueron de boto y parecer que se bote la fiesta y dia de señora Sancta Anna, y se de razon de ello a los señores obispo y cavildo para que con su orden se haga (A.H.P.T., Pedro Pérez de Álaba, secretaría de 1606-1607, s. f.) (Tarazona, 10-IV-1607). Hay copia del voto, celebrado por el concejo el 2-V-1607. 46.- RICO LACASA, P. J. y LAPEÑA LAHERA, M.ª J., 1980, pp. 187 y 224. 47.- El acta de inspección cursada a las reliquias municipales el 29-IV-1615 por Francisco Navarro, tesorero de la Seo y vicario general, las describe con particular minuciosidad (A.H.P.T., Alonso Gutiérrez de Viña, 1615, ff. 85 v.-89). 48.- En 11-IV-1615 el cabildo acordó que la cabeza de Santa Bárbara, protectora ante las tormentas con aparato eléctrico, fuese incluida en la procesión del día de San Marcos y colocada en la Torre de las Reliquias junto al resto de las reliquias de la ciudad (A.C.T., Caja n.º 150, Actas capitulares, vol. IV (1606-1621), f. 212). 49.- No se conserva el acta original, incluida en el registro de secretaría de 1617-1618, a cargo del notario Alonso Gutiérrez de Viña, que se ha perdido. 50.- A.H.P.T., Miguel de Añón, secretaría de 1618-1619, s. f., (Tarazona, 24-XI-1618). 51.- Desde dicho año la celebración de la fiesta de San Atilano figura entre las obligaciones que los ediles entrantes deben asumir, tal y como se consignó en el Libro del estamento del gobierno antiguo, ahora perdido, pero que contenía las advertencias que la corporación saliente efectuaba a la que tomaba el relevo. Recogido en A.D.T., Caja 652, nº 4, Informacion de testigos y compulsas a instancias del muy ilustre cabildo de la Santa Iglesia Cathedral de esta ciudad sobre que el señor San Atilano es hijo y patrono de la misma ciudad. Tarazona, 1752, s. f. 52.- A.H.P.T., Juan Rubio, 1619, ff. 303 v.-308, (Tarazona, 7-IX1619). 53.- El 17-I-1616 el cabildo decidió sacar por vez primera su reliquia en procesión (A.C.T., Caja n.º 150, Actas capitulares, vol. IV (1606-1621), f. 221 v.), pero no sabemos cuándo se institucionalizó su fiesta. Para su reliquia se hizo tiempo después un busto de plata, el cuarto y último del templo, que se sufragó en buena medida con cargo a la ejecutoria testamentaria del obispo Baltasar Navarro de Arroita (1631-1642). 54.- A.H.P.T., Jaime Bueno, 1619 con secretaría de 1619-1620, s. f., (Tarazona, 15-VII-1619). Al parecer, se llegó a pedir la mediación real para zanjar el problema. El monarca ordenó que cada institución designara un representante al que se sumaría el suyo, el jurista Lucas Pérez Manrique (ibidem, s. f.) (Tarazona, 20-X-1619). Por su parte, el cabildo delegó en el obispo Martín Terrer y la ciudad en Dionisio de Eguarás (ibidem, s. f.) (Tarazona, 20-XII-1619). 55.- Un interesante acuerdo sobre la regulación de sus gastos en A.H.P.T., Alonso Gutiérrez de Viña, secretaría de 1610-1611, ff. 275 v.-278, (Tarazona, 15-IX-1610). 56.- Tal y como precisa la concordia mencionada en la nota precedente. Desde el 6-XI-1609, en la octava de las festividades de San Prudencio y San Gaudioso sus bustos de plata permanecían en el altar mayor del templo (A.C.T., Caja n.º 150, Actas capitulares, vol. IV (1606-1621), f. 77). Además, el 6-XI-1615 se resolvió que cuando se hiciera procesión con uno de los citados bustos se exhibiera también el otro (ibidem, f. 218). 57.- Unos días antes, el 15-IX-1620, el consejo había acordado disponer para San Atilano fiestas y regocijos, y también que en esa jornada se corrieran toros (A.H.P.T., Juan Rubio, secretaría de 1620-1621, ff. 201-206). 58.- ESTEBAN LORENTE, J. F., 1981, t. II, cat. n.º 3, p. 79, y t. III, doc. n.º 18, pp. 28-30; ARRÚE UGARTE, B. (dir.), 1990, p. 173; y ESTEBAN LORENTE, J. F., 1994 (II), pp. 246-249. Véase también la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 59.- ARRÚE UGARTE, B. (dir.), 1990, p. 173; ESTEBAN LORENTE, J. F., 1993 (II), pp. 366-367; CRIADO MAINAR, J., 1994 (I), pp. 182185; AINAGA ANDRÉS, M.ª T. y CRIADO MAINAR, J., 1996, pp. 118124, pp. 129-133, y pp. 135-136, doc. n.º 8; CRIADO MAINAR, J., 1997 (II), pp. 254-255. Véase también la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 60.- CAÑADA SAURAS, J., 1981, doc. n.º 167, p. 296; ARRÚE UGARTE, B., (dir.), 1990, pp. 173-174; ESTEBAN LORENTE, J. F., 1993 (I), p. 98, y nota n.º 6, pp. 110-111; CRIADO MAINAR, J., 1994 (II), pp. 186-189; AINAGA ANDRÉS, M.ª T. y CRIADO MAINAR, J., 1996, pp. 124-127, y docs. núms. 6 y 7, pp. 133-135; CRIADO MAINAR, J., 1996, doc. n.º 112, pp. 848-849; CRIADO MAINAR, J., 1997 (I), pp. 280-281. Véase también la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 61.- CRIADO MAINAR, J. y ESCRIBANO SÁNCHEZ, J. C., 1995, pp. 119-150. 62.- A.D.T., Caja 652, n.º 4, Informacion de testigos y compulsas a instancias del muy ilustre cabildo de la Santa Iglesia Cathedral de esta ciudad sobre que el señor San Atilano es hijo y patrono de la misma ciudad. Tarazona, 1752, s. f. 63.- BRUÑÉN IBÁÑEZ, A. I., JULVE LARRAZ, L. y VELASCO DE LA PEÑA, E. (coords.), 2005, p. 182, doc. n.º 4027 (4608); pp. 181-182, doc. n.º 4026; y p. 183, doc. n.º 4033. 64.- A.H.P.T., Juan Rubio, 1621, ff. 514 v.-515, (Tarazona, 7-X1621). 65.- Ibidem, f. 640 v.-641., (Tarazona, 14-XII-1621). 66.- A.H.P.T., Juan Rubio, secretaría de 1620-1621, ff. 282-282 v., (Tarazona, 27-XI-1620). 67.- A.H.P.T., Miguel de Añón, secretaría de 1621-1622, s. f., (Tarazona, 19-II-1622). 68.- CRIADO MAINAR, J., 1996, doc. n.º 112, pp. 848-849. 69.- A.H.P.T., Miguel de Añón, secretaría de 1623-1624, s. f., (Tarazona, 6-XI-1623). 70.- A.H.P.T., Francisco Lamata, secretaría de 1626-1627, f. 28 v., (Tarazona, 1-VI-1626). 71.- Los datos que se ofrecen son el resultado de computar el total de los bautismos registrados en dichos años en las tres parroquias de la ciudad: San Andrés apóstol de la catedral, Santa María Magdalena y San Miguel arcángel. Sobre las cifras de natalidad del periodo puede consultarse RICO LACASA, P. J. y LAPEÑA LAHERA, M.ª J., 1980, p. 224. 72.- Con motivo de su visita a Tarazona de noviembre de 1623 se acordó agasajarle con un regalo (A.H.P.T., Miguel de Añón, secretaría 1623-1624, s. f.) (Tarazona, 6-XI-1623). 73.- CARRETERO CALVO, R., 2006, p. 71, y nota n.º 13, p. 73. 74.- Sus datos familiares se ofrecen en IBÁÑEZ FERNÁNDEZ, J. y CRIADO MAINAR, J., 1999-2000, pp. 95-98. 75.- A.H.P.T., Juan Sánchez, 1594, carta inserta entre ff. 381-382, (Tarazona, 14-VI-1594). 76.- A.H.P.T., Juan Sánchez, 1597 con secretaría de 1597-1598, ff. 28-31 v., (Tarazona, 7-VI-1597) [nombramiento para el cargo]; ibidem, ff. 48-49, (Tarazona, 17-VII-1597) [jura del mismo]. 77.- Ibidem, ff. 179-183 v., (Tarazona, 26-IV-1598); Juan Sánchez, 1598, ff. 459-461, (Tarazona, 13-VIII-1598). 78.- SÁNCHEZ, P., 1994, pp. 81 y 84. 79.- JARQUE MARTÍNEZ, E., 2007, p. 295. 80.- JARQUE MARTÍNEZ, E. y SALAS AUSENS, J. A., 2003, p. 172. 81.- CASADO ARBONIÉS, M., 2000, p. 162; NAVARRO BONILLA, D. y ROY MARÍN, M.ª J. (eds.), 2002, pp. 339-362. 82.- IBÁÑEZ FERNÁNDEZ, J. y CRIADO MAINAR, J., 1999-2000, pp. 93-126. 83.- En 1626 fue incendiada la puerta de la residencia turiasonense de Lucas Pérez Manrique en circunstancias que no se pudieron aclarar. En señal de solidaridad, el consejo decidió correr con los gastos de la reparación de las casas del justicia, a quien por tantos titulos tenemos tan grandes obligaciones (A.H.P.T., Alonso Gutiérrez de Viña, secretaría de 1625-1626, ff. 351 v.-357) (Tarazona, 24-III-1626). Véase también IBÁÑEZ FERNÁNDEZ, J. y CRIADO MAINAR, J., 19992000, nota n.º 13, p. 98. 84.- Es posible que el tejido que recibió Diego de Gante se extrajera con ocasión de la procesión del cuerpo santo efectuada en Zamora en mayo de 1627 para pedir su intercesión ante una epidemia de garrotillo (BÉCARES BOTAS, V., 1990, p. 95). 85.- A.H.P.T., Francisco Lamata, 1630 con secretaría de 16301631, ff. 869-882 v., (Tarazona, 12-IX-1630). 86.- CARRETERO CALVO, R., 2005-2007, pp. 188-189. Véase también la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 107 87.- A.H.P.T., Juan Rubio, secretaría de 1629-1630, s. f., (Tarazona, 3-IV-1630) [acuerdo para que se vote la fiesta de San Blas y reunión del concejo en la que se corrobora]; Francisco Lamata, 1630 con secretaría de 1630-1631, ff. 625-630, (Tarazona, 25-V-1630) [celebración de fiesta, rogativa y novena de misas en honor de San Blas]. 88.- Por entonces se produjo un aumento de la mortalidad, impulsada por una crisis previa de malas cosechas. Véase RICO LACASA, P. J. y LAPEÑA LAHERA, M.ª J., 1980, p. 188. El vicario de San Miguel anotó en los registros parroquiales de 1631: Ojo, en esta ocasion, que fue el año de las muertes, en tres meses no se baptizo alguno en esta iglesia [entre 28-X-1631 y 27-I1632]. Véase A.D.T., Fondo de San Miguel arcángel de Tarazona, Quinque libri, vol. IV (1587-1669), f. 96. 89.- CARRETERO CALVO, R., 2006, pp. 67-88; CARRETERO CALVO, R., 2005-2007, pp. 173-175. Véase también la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 90.- ARRÚE UGARTE, B. (dir.), 1991, p. 267. Véase también la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 91.- Ibidem, p. 279. Su atribución a Francisco Leonardo en CARRETERO CALVO, R., 2005-2007, p. 189. Véase también la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 92.- Así, por ejemplo, Atilana Francisca Teresa Benita Colau, bautizada el 7-X-1638. Véase A.D.T., Fondo de Santa María Magdalena de Tarazona, Quinque libri, vol. II (1588-1652), f. 116 v. 93.- Consta que en 1642 Juan Agustín Arbiniés había elevado un memorial al rey y el asunto había sido tratado en el consejo de Aragón (A.H.P.T., Pedro Francisco Lamata, secretaría de 1643-1644, s. f.) (Tarazona, 27-XI-1643). 94.- A.H.P.T., Juan de Barnuevo, 1643, ff. 292-295, (Tarazona, 21-IX-1643). 95.- Sea memoria que en 14 de julio de 1643 vino a Los Fayos la Magestad de Philippo 4, rey de las Hespañas, y fue muy agradado de la amenidad y sitio de dicho lugar (A.D.T., Fondo de Santa María Magdalena de Los Fayos, Quinque libri, vol. I (1564-1679), s. f. 96.- ARGAIZ, FRAY G. DE, 1675 (I), pp. 472 y 596-597. 97.- A.H.P.T., Pedro Francisco Lamata, secretaría de 1643-1644, s. f., (Tarazona, 15-VII-1643). El 24-VII-1643 el mayordomo presentó la cuenta de los gastos ocasionados por la visita real, que alcanzaban los 20.331 sueldos 10 dineros (ibidem, s. f.). 98.- El consejo delegó en Lucas II Pérez Manrique por el estamento de hidalgos y a Bernardo Castejón por el de ciudadanos (ibidem, s. f.) (Tarazona, 27-VII-1643). 99.- Archivo de la Catedral de Zamora [A.C.Z.], Libro manuscrito n.º 124, Actas capitulares (1622-1644), f. 367, (Zamora, 22-VI1644). 100.- Ibidem, ff. 366 v.-367, (Zamora, 22-VI-1644). 101.- Ibidem, f. 366 v., (Zamora, 22-VI-1644). 102.- A.H.P.T., Juan de Barnuevo, 1643, ff. 292-295, (Tarazona, 21-IX-1643). 103.- Documento citado por BÉCARES BOTAS, V., 1990, p. 95. 104.- A.H.P.T., Pedro Francisco Lamata, secretaría de 1643-1644, s. f., (Tarazona, 27-XI-1643). 105.- Ibidem, s. f., (Tarazona, 3-XII-1643). 106.- Ibidem, s. f., (Tarazona, 12-III-1644). Véase también sobre el particular la remisión de esta correspondencia en FERNÁNDEZ DURO, C., 1891, p. 111; y FERNÁNDEZPRIETO DOMÍNGUEZ, E., 1973, p. 101. 107.- A.H.PT., Pedro Ruiz de Pereda, 1645 con secretaría de 16441645, s. f., (Tarazona, 23-III-1644). 108.- SANZ ARTIBUCILLA, J. M.ª, 1930, vol. II, doc. XLVIII, p. 516. 109.- A quien se fijó un salario diario de 40 sueldos, conforme a lo estipulado en las ordinaciones municipales (A.H.PT., Pedro Ruiz de Pereda, 1645 con secretaría de 1644-1645, s. f.) (Tarazona, 31-V1644). Al parecer, fueron también comisionados municipales Diego Casanate y Juan de Falces. Véase ARGAIZ, FRAY G. DE, 1675 (I), p. 473. 110.- A.C.Z., Libro manuscrito n.º 124, Actas capitulares (16221644), ff. 366-367, (Zamora, 22-VI-1644). 111.- Ibidem, f. 368, (Zamora, 28-VI-1644). 112.- Cabildos del 25 y 26-VI-1644 (ibidem, ff. 367 y 367 v., en los que se escuchó la opinión de la ciudad); del 30-VI, 1-VII y 4-VII1644 (ibidem, ff. 368 v.-369, 369 y 369 v., en los que manifestaron su parecer los caballeros cubicularios); 5, 7 y 9-VII-1644 (ff. 369 v.370, 370 y 370-370 v., en los que se recabó el punto de vista del obispo). 108 113.- Ibidem, ff. 371-371 v., (Zamora, 13-VII-1644). 114.- Ibidem, ff. 371 v. y 372-372 v., (Zamora, 15 y 19-VII-1644). 115.- Ibidem, ff. 372 v.-373, (Zamora, 23-VII-1644). 116.- BÉCARES BOTAS, V., 1990, pp. 131-133, doc. S.A. 2. 117.- A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, 1645 con secretaría de 1644-1645, s. f., (Tarazona, 23-VII-1644). A continuación el concejo aprobó la toma de dicha suma a censo (ibidem, s. f.) (Tarazona, 23-VII-1644). 118.- SANZ ARTIBUCILLA, J. M.ª, 1930, vol. II, p. 520. 119.- En 1708 el padre Ranzón menciona con escepticismo la creencia popular de que en el camino obró prodigios tales como evitar la caída por un precipicio de la carroza que la transportaba. Véase [RANZÓN, P.], 1708, pp. 142-143. 120.- SANZ ARTIBUCILLA, J. M.ª, 1930, vol. II, p. 517. 121.- Ibidem, p. 517-518. Carta pública de procuración en A.H.P.T., Pedro Francisco Lamata, 1644, ff. 370 v.-372 v., (Tarazona, 11-VIII-1644). 122.- SANZ ARTIBUCILLA, J. M.ª, 1930, vol. II, p. 519. 123.- La versión del documento que testificó el secretario de la ciudad explicita que estos tres sellos correspondían al obispo, el cabildo y la ciudad de Zamora (A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, 1645 con cuaderno de secretaría de 1644-1645, s. f.) (Tarazona, 12VIII-1644). 124.- Documento transcrito asimismo en A.D.T., Caja 652, nº 4, Informacion de testigos y compulsas a instancias del muy ilustre cabildo de la Santa Iglesia Cathedral de esta ciudad sobre que el señor San Atilano es hijo y patrono de la misma ciudad. Tarazona, 1752, s. f. 125.- A.H.P.T., Francisco Lamata, 1644-1646, ff. 98-98 v., (Tarazona, 12-VIII-1644); y Prudencio Ruiz de Pereda, 1645 con cuaderno de secretaría de 1644-1645, s. f., (Tarazona, 12-VIII-1644). 126.- BÉCARES BOTAS, V., 1990, p. 95. 127.- Una segunda versión del documento en A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, 1645 con secretaría de 1644-1645, s. f., (Tarazona, 13-VIII-1644). 128.- El nombramiento de procuradores en ibidem, s. f., (Tarazona, 13-VIII-1644). 129.- Una segunda versión del documento en ibidem, s. f., (Tarazona, 13-VIII-1644). 130.- Ibidem, s. f., (Tarazona, 16-VIII-1644). Sigue el concejo en el que se fija el importe de las sumas tomadas a censo. 131.- SANZ ARTIBUCILLA, J. M.ª, 1930, vol. II, p. 519. 132.- ARGAIZ, FRAY G. DE, 1675 (I), p. 473. 133.- Entre las que consta se incluyeron tres corridas de toros (A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, 1645 con secretaría de 16441645, s. f.) (Tarazona, 22-IX-1644). Con posteridad, el mayordomo presentó otra cuenta por 2.179 sueldos (ibidem, s. f.) (Tarazona, 17IV-1645). Véase también SANZ ARTIBUCILLA, J. M.ª, 1930, vol. II, p. 519. 134.- A.C.Z., Libro manuscrito n.º 124, Actas capitulares (16221644), f. 374, (Zamora, 27-IX-1644). Hay copia de los capítulos de hermandad en A.C.Z., legajo n.º 36. Citado por MATILLA TASCÓN, A., 1964, p. 208. 135.- A.C.Z., legajo n.º 58 (I), Correspondencia de 1644-1660, (Tarazona, 1-XI-1644). 136.- Ibidem, (Tarazona, 22-XI-1644). 137.- A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, 1645 con secretaría de 1644-1645, s. f., (Tarazona, 18-II-1645). 138.- Ibidem, s. f., (Tarazona, 21-II-1645); ibidem, s. f., (Tarazona, 17-IV-1645); y A.D.T., Caj. 17, lig. 13, n.º 14, Razon de las fiestas que se celebraron en obsequio de la reliquia de el Patron San Atilano [consulta a los abogados de la ciudad sobre la pretensión de Antonio Muñoz Serrano]. 139.- A.D.T., Caja 652, nº 4, Informacion de testigos y compulsas a instancias del muy ilustre cabildo de la Santa Iglesia Cathedral de esta ciudad sobre que el señor San Atilano es hijo y patrono de la misma ciudad. Tarazona, 1752, s. f. 140.- A.M.T., Libro de actas municipales n.º 1, Resoluciones del consejo (1647-1681), f. 37, Tarazona, 21-VIII-1652). Ese año el 28 de agosto cayó en miércoles. 141.- En 1644 fueron 39 de un total de 203 y en 1645 32 sobre 185 niños. 142.- A.H.P.T., Juan Francisco Tejero, 1652, ff. 610-613 v., (Tarazona, 24-X-1652). 143.- Véase el acuerdo del concejo sobre el adorno de la capilla de las reliquias en A.H.P.T., Miguel de Añón, secretaría de 1649, s. f., (Tarazona, 1-V-1649). 144.- Véase también la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 145.- Sólo hemos logrado encontrar dos menciones documentales más de este artífice. En abril de 1647 el carpintero Jerónimo Lozano, natural de Tarazona y habitante en el monasterio de Guerta, requiere a Agustín Iraqui y Aguilar, infanzón, mayordomo de la cofradía de San Pablo de caballeros hijosdalgo de Tarazona, para que mostrara el libro de la cofradía adonde estan asentados los nombres de los confrades que han sido y son […] para sacar por acto y testimonio publico el linaxe y casal de los Lozanos. Actuó como testigo el carpintero e infanzón turiasonense Jusepe Asensio (A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, 1647, ff. 184 v.-185) Por otro lado, el 2 de mayo de 1654 Juan Pérez Duesca, carpintero, y su esposa Quiteria Sánchez, vecinos de Tarazona, y Juan Jerónimo Lozano y Morales, infanzón, domiciliado en Tarazona, su fianza, venden al convento de la Concepción de Nuestra Señora de la ciudad, 100 sueldos censales sobre unas casas y un corral sitos en la carrera de Tudela, así como sobre otros bienes, por precio de 2.000 sueldos. Actúa como testigo el carpintero turiasonense Luis Sánchez. Documento de cancelación al margen de 7-II-1692 testificado por Pedro Brun (A.H.P.T., Pedro Brun, 1654, ff. 84-86). 146.- El 1 de septiembre de 1661 dicta su testamento Matías de Arnedo, ya enferma, esposa del carpintero José Balduz, ambos domiciliados en Tarazona. En él se recoge que el matrimonio tiene ocho hijos menores de 14 años llamados Josefa, María, José, Francisca, Matías, Francisco, Ana y Juan Atilano Balduz (A.H.P.T., Pedro Brun, 1661, ff. 148-150) (Tarazona, 1-IX-1661). 147.- Juan Pérez de Huesca fue el autor del retablo mayor de la iglesia conventual de San Joaquín de Tarazona. Véase CARRETERO CALVO, R., 2003, p. 68. 148.- GÓMEZ URDÁÑEZ, C., 2009, pp. 142-146 y 154-156. 149.- A.C.T., Caja n.º 150, Actas capitulares, vol. IV (1606-1621), f. 199. Documento citado en GÓMEZ URDÁÑEZ, C., 2009, p. 142. 150.- A.C.T., Caja n.º 150, Actas capitulares, vol. IV (1606-1621), f. 213 v. 151.- Ibidem, f. 230 v. Documento citado en GÓMEZ URDÁÑEZ, C., 2009, p. 142. 152.- A.C.T., Caja n.º 150, Actas capitulares, vol. IV (1606-1621), f. 233. Documento citado en GÓMEZ URDÁÑEZ, C., 2009, p. 142. Allí se ofició, en efecto, la ceremonia religiosa en honor del santo al día siguiente, ante la imagen gótica de Nuestra Señora de la Huerta que había presidido el antiguo retablo mayor de la Seo (CRIADO MAINAR, J., 2006, p. 422, nota n.º 19). 153.- GÓMEZ URDÁÑEZ, C., 2009, pp. 143-144. 154.- A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, 1663-1665, ff. 170174 v., (Tarazona, 14-VIII-1665). 155.- Véase la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 156.- ARGAIZ, FRAY G. DE, 1675 (I), p. 497. 157.- A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, secretaría de 1653, s. f., (Tarazona, 26-VIII-1653). 158.- Véase la ficha incluida en el catálogo de la presente obra. 159.- Incluso se llega a crear una obra de teatro en su honor bajo el título Comedia Nueva. El apostol de Leon y protector de Zamora San Atilano escrita por un ingenio de esta corte e impresa en Madrid, en la imprenta de Juan Sanz ubicada en la calle de la Paz. Se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, signatura T/4385. 160.- A.H.P.T., Miguel de Añón, 1652-1655, ff. 65-72 v., (Tarazona, 18-X-1653). 161.- A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, secretaría de 1653, s. f., (Tarazona, 9-XI-1653). 162.- A.H.P.T., Gil López, 1655, ff. 116 v.-121 v., (Tarazona, 14VI-1655). 163.- A.H.P.T., Marco Antonio Purujosa, 1654-1656, ff. 31 v.37, (Tarazona, 19-IX-1655). 164.- A.H.P.T., Pedro Prudencio de Azagra, secretaría de 1656 en el protocolo de 1656, ff. 356 v.-360, (Tarazona, 31-VII-1656). Lo mismo en A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, secretaría de 1659, ff. 330 v.-334, (Tarazona, 10-VIII-1659). 165.- A.H.P.T., Francisco Lamata, 1678 con secretaría de 1678, ff. 187-188 v., (Tarazona, 31-XII-1677). 166.- En realidad hemos localizado numerosas alusiones a la organización de los festejos civiles en honor de San Atilano que trataremos en otro apartado. 167.- AINAGA ANDRÉS, M.ª T. y CRIADO MAINAR, J., 2003-2004, pp. 257-267. 168.- El 17 de mayo de 1680 el cabildo aprobó la colocación de un retablo en la capilla de la Resurrección de la catedral, sin duda el donado por Ximénez de Novallas. Véase GÓMEZ URDÁÑEZ, C., 2009, p. 155. Con todo, en abril de 1684 el capítulo de la cofradía de la Santísima Resurrección del claustro de la catedral nombra como sus procuradores al doctor Pedro de Pueyo, canónigo penitenciario de la seo, a Pedro Corella de Contralperche, y a Francisco Lamata, infanzones, ciudadanos y vecinos de Tarazona, para recibir unas cantidades que esperan y para que las gasten en hazer un almario y poner en el todas las escrituras y cosas que importan a la cofradia con tres llabes que entregaran al prior de eclesiasticos, la una, y las otras dos a los dos seculares mayores en hedad, el qual almario este dentro el altar de la capilla de dicha cofadria y de lo que sobrare y continuaren en cobrar, hagan un retablo o lo gasten en aumento de dicha cofadria, dando cuenta de lo cobrado y gastado a los priores quando lo pidieren. En A.H.P.T., Gaspar de Añón, 1684, ff. 161-162 v., (Tarazona, 2-IV-1684). 169.- GÓMEZ URDÁÑEZ, C., 2009, p. 155. 170.- A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, 1681, ff. 158-160, (Tarazona, 1-X-1681). 171.- A.H.P.T., Francisco Lamata, 1707-1717, ff. 16-18, (Tarazona, 20-III-1707). 172.- A.H.P.T., Rafael Sánchez, 1733, ff. 70-71, (Tarazona, 20V-1733). 173.- AINAGA ANDRÉS, M.ª T., 2000, p. 179. 174.- A.H.P.T., Pedro Prudencio de Azagra, 1656 con secretaría de 1656, ff. 356 v.-360, (Tarazona, 31-VII-1656). Lo mismo en A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, secretaría de 1659, ff. 330 v.334, (Tarazona, 10-VIII-1659). 175.- Ibidem, ff. 342-345 v., (Tarazona, 28-IX-1659). 176.- A.H.P.T., Juan Francisco Tejero, 1660, s. f., (Tarazona, 21VIII-1660). 177.- ESCALERA PÉREZ, R., 1994, p. 29. 178 A.H.P.T., Juan Francisco Tejero, 1660, s. f., (Tarazona, 27IX-1660). 179.- A.H.P.T., Prudencio Ruiz de Pereda, secretaría de 1668, ff. 270-275, (Tarazona, 1-X-1668). 180.- A.H.P.T., Diego Çornoza, 1677, ff. 155 v.-158, (Tarazona, 25-VIII-1677). 181.- VALLEJO ZAMORA, J., 1992, pp. 38-39. 182.- A.H.P.T., Francisco Lamata, 1679-1680, ff. 156 v.-161, (Tarazona, 14-VII-1680). 183.- A.H.P.T., Pedro Brun, 1682, ff. 87 v.-91, (Tarazona, 21VIII-1682). 184.- CARRETERO CALVO, R., 2004, p. 206. 185.- A.H.P.T., Francisco Lamata, 1683-1684, ff. 307-309, (Tarazona, 1-VIII-1683). 186.- Ibidem, ff. 320-323, (Tarazona, 15-VIII-1685). 187.- A.H.P.T., Francisco Lamata, 1686-1687, ff. 245 v.-249, (Tarazona, 15-VIII-1686). 188.- Ibidem, ff. 212 v.-219, (Tarazona, 14-VI-1688). 189.- A.H.P.T., Francisco Lamata, 1689, ff. 295 v.-300 v., (Tarazona, 7-VIII-1689). 190.- A.M.T., Libro de actas municipales n.º 10 (1750-1752), s. f., [ff. 77 v.-78] (Tarazona, 20-VIII-1751). 191.- A.M.T., Libro de actas municipales n.º 13 (1765-17661767), s. f., (Tarazona, 22-V-1767). 192.- A.M.T., Libro de actas municipales n.º 19 (1777-1779-17801781), s. f., (Tarazona, 26-VIII-1779). 193.- A.M.T., Libro de actas municipales n.º 20 (1781), s. f., (Tarazona, 11-VIII-1781). Documento citado en VALLEJO ZAMORA, J., 1992, pp. 27-28. Ya en 1763 Asensio disentía de la celebración de corridas de toros en la ciudad (A.M.T., Libro de actas municipales n.º 12 (1762-1763), s. f.) (Tarazona, 23-IX-1763). Lo mismo sucedió en 1766 (A.M.T., Libro de actas municipales n.º 13 (1765-17661767), s. f.) (Tarazona, 18-VII-1766), y en 1767 (ibidem, s. f.) (Tarazona, 24-VII-1767). Parece ser que en este último año los toros habían logrado escaparse (ibidem, s. f.) (Tarazona, 6-X-1767). Documento citado por VALLEJO ZAMORA, J., 1992, p. 38. 194.- Ibidem, pp. 15-126. 109